El éxito de la derecha, tanto en la política como en el análisis periodístico y académico, se dio en los noventa. En esos años se pensó que la derecha que gobernaba la región tendría mejor suerte en el futuro, pues los ambiciosos procesos de reforma de mercado de fines de los años ochenta y tempranos noventa 1 habían debilitado a grupos de apoyo tradicional de la izquierda, como sindicatos obreros y federaciones campesinas. 2  Sin embargo, pocos años después, la izquierda volvió a ganar elecciones y desde entonces se ha escrito tanto sobre ella en la región que se podría concluir que a su némesis le va muy mal. 3

¿Es correcta esta percepción? Si bien es cierto que en los últimos años la izquierda tiene más éxito electoral, planteo dos ideas/temas que cuestionan este sentido común y que espero motiven a que miremos más de cerca a la derecha. Primero, sostendré que si consideramos la relevancia de su agenda política así como el número de votos que obtiene, a la derecha no le va tan mal. Segundo, creo necesario mirar más de cerca a un tipo de derecha que apareció en las últimas décadas y que no parece ser un fenómeno de paso. La llamo, con cierta irresponsabilidad académica, la “derecha andina”. Esta derecha tiene cara de populista más que de partido político y cuestiona ciertos estereotipos sobre el voto de derecha en la región. Cuán generalizable es el “modelo”, no lo sé. Aprovecho la invitación del IEP para plantear, por ahora, más preguntas que respuestas.

Uno: Agenda sólida y partidos competitivos

Un primer tema que debería hacernos más cautos al plantear un giro a la izquierda en la región es que, bien mirado, a la derecha no le va tan mal como parece. Primero, porque los temas de la derecha (propiedad privada; ley y orden; protección de inversiones; etc.) parecen garantizados en la esfera pública. En varios países las “izquierdas” son más partidos de centro-izquierda que izquierdas “duras” como las de antaño, por tanto, menos peligrosas para los intereses de las elites; y en otros, como el Perú o Colombia, nuestros “centros” son en realidad derechas.

En varios países las “izquierdas” son más partidos de centro-izquierda que izquierdas “duras” como las de antaño, por tanto, menos peligrosas para los intereses de las elites; y en otros, como el Perú o Colombia, nuestros “centros” son en realidad derechas.

Se podría decir que esta solidez de la agenda de derecha es sólo cierta en países con izquierdas “socialdemócratas”, pero no donde gobiernan las llamadas izquierdas “radicales”.  Sin duda, las social democracias de Chile, Brasil y Uruguay claramente están en el espacio de izquierda centrista descrito. Sus políticas promueven una mayor equidad, pero respetan los grandes lineamientos de una economía de mercado. Incluso las izquierdas “radicales” 4 palidecen al compararlas con lo que era la vieja izquierda. Hoy las nacionalizaciones incluyen altos pagos a las trasnacionales y se busca no propiciar su salida del país. Evo paga por gaseoductos expropiados, Chávez ataca al “Diablo” del norte, pero mantiene una buena relación comercial con él. Entonces, la derecha puede perder elecciones, sin embargo, su agenda parece sólida en el debate público, incluso en los países en los que le va peor.

Segundo, la competitividad electoral de la derecha hace pensar que más que grandes ganadores ideológicos en la región solo estemos viendo rotaciones de poder, normales en toda democracia. En los noventa, los gobiernos de derecha tuvieron una buena mano que les permitió ganar el centro político. Pero hoy, ya sea porque los ciudadanos se cansaron de la cercanía de la derecha con el empresariado o porque no se cumplieron varias grandes promesas de las reformas de mercado (caída fuerte del desempleo, por ejemplo), se está votando más a la izquierda. 5  Si ese es el caso, es probable que un nuevo turno de la derecha llegue al cansarse los ciudadanos de los actuales gobiernos de izquierda.

Los casos recientes de éxito y fracaso de la derecha pueden entenderse como cambios normales en toda democracia. En Chile la Concertación parece haber aburrido a una parte de sus votantes que optarán por Sebastián Piñera. Si bien hay mucha carga simbólica en el pasado chileno como para decir que un triunfo de la derecha es irrelevante, la probable victoria de la diestra en la próxima elección seguramente no producirá grandes cambios en el sistema político. Del mismo modo, el hartazgo con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) dio lugar a una derecha ganadora en México en el año 2000. Tras dos periodos del Partido Acción Nacional (PAN) es muy probable que la izquierda o el centro, representado en su viejo saurio reciclado, ganen el 2012. Paradójicamente, el PAN posiblemente pierda por no lograr garantizar ni la ley ni el orden, uno de sus temas electorales. En El Salvador, Arena perdió la presidencia que ocupó por años ante el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), pero apenas por 1.5%. En Brasil podría ganar José Serra y en Uruguay, la segunda vuelta será más disputada de lo pensado inicialmente.

Entonces, en una región en la que cierto sentido común académico asumía que, debido a sus altos niveles de pobreza y desigualdad, las elecciones libres darían lugar a más izquierda, a nuestra derecha regional no le va tan mal. Con más éxito en unos países que en otros, pero mostrando una tendencia regional, sus temas predilectos se han consolidado en el espacio público y se ha convertido en un efectivo contrapeso electoral. A pesar de haber derechas muy radicales en su discurso (en Centroamérica, por ejemplo), su fuerza electoral me parece una buena noticia para la democracia. En el pasado las democracias de la región tenían en las elites económicas y sus aliados militares su principal peligro.Si un partido que representa a dichas elites tiene cierto peso electoral, les garantiza que sus intereses estén protegidos de cambios bruscos, haciendo más estable al sistema (aunque Honduras nos recuerde que la tentación autoritaria de la derecha —y de la izquierda— sigue muy viva). 6

Dos: la Derecha andina.

Hay otro tipo de derecha que me parece muy particular como para ponerla sin más en el grupo de los partidos de derecha de la región. Más que un partido, esta derecha tiene cara populista, pues establece una relación no mediada entre el líder y la población. La llamo la “derecha andina” por la simple razón de que los dos casos que se conocen están en los Andes: los gobiernos de Alberto Fujimori y Álvaro Uribe. Tal vez se trate de casos muy particulares como para que el modelo pueda exportarse más allá de la región, o de incluso, estos dos países. Como veremos, hay también razones para pensar que sí podría ser más generalizable.

¿Cuál es la característica que distingue a esta derecha andina? Lo principal es que muestra una suerte de alianza de opuestos que la hace muy poderosa electoralmente y estable políticamente: el apoyo de las elites económicas, lo cual no es sorpresa para una derecha, sumado al voto de amplios sectores populares.

La derecha andina se parece a la derecha “normal” porque tiene una retórica de derecha, tal vez incluso más fuerte que la de varios partidos de ese lado del espectro político. Esta derecha critica abiertamente la agenda ideológica de la izquierda —a los “mamertos” en Colombia y a los “caviares” en Perú— tachándolos de tontos útiles o aliados de los violentos. Es decir, son abiertamente de derecha, algo en lo que incluso el populismo de mercado de Ménem debía guardar las formas. Por ello la prensa internacional y las ONG califican a estos dos gobiernos como de derecha, mientras que para el votante local, las diferencias ideológicas parecen mucho más complejas.

¿Cuál es la característica que distingue a esta derecha andina? Lo principal es que muestra una suerte de alianza de opuestos que la hace muy poderosa electoralmente y estable políticamente: el apoyo de las elites económicas, lo cual no es sorpresa para una derecha, sumado al voto de amplios sectores populares. Lo novedoso es que los pobres apoyan en números importantes a gobiernos cuya agenda de “izquierda” es muy limitada, tanto en su discurso como en políticas de redistribución efectiva. La derecha andina es popular, y como tal, mucho menos vulnerable a las críticas que reciben los partidos de derecha asociados con las clases altas. La derecha andina no tiene problema en tomarse fotos con el empresariado, y a pesar de ello, mantiene su alto apoyo popular.

¿Qué hace popular a la derecha andina? De entrada descarto que la fuerza de estos gobiernos se base en el miedo. 7 Sin negar los abusos de ambos gobiernos y su cercanía a las fuerzas militares, creo que hacer del miedo o de la represión la clave de su popularidad es no reconocer lo más interesante de este fenómeno: estos líderes han logrado un real apoyo popular. Los números actuales de Uribe y los de Fujimori a través de la década del noventa muestran esta popularidad. Sabiéndose populares, el Fujimorismo se ha opuesto al voto voluntario, por ejemplo. Descubrir qué es lo que hace populares a estos líderes trasciende este artículo y requiere mucho más trabajo de investigación. Por ahora me limito a plantear algunas ideas.

Si bien se mantienen a la derecha en lo económico, no se les percibe como derechas de “goteo”, cosa que sí les pasa a otros presidentes como Alejandro Toledo o Alan García, que no logran esta empatía con el pueblo.

Sospecho que estos casos muestran, por un lado, cómo la “reacción” contra los efectos de una economía o un sistema político que no “alcanza” a ciertos sectores, no tiene que basarse en una agenda maximalista de izquierda. Uribe y los Fujimori sí son percibidos como efectivos para solucionar los problemas de las clases bajas. El Fujimorismo con sus carreteras, escuelas y postas médicas y sus programas sociales concentrados en grandes ministerios, representó y representa una propuesta atractiva para dicho sector social. Los viajes de Fujimori y su contacto directo con la población no son un factor irrelevante. Uribe también ha logrado recuperar la presencia del Estado a nivel territorial, desarrolla amplios programas de apoyo social y mantiene un contacto directo con la población (los llamados “consejos comunitarios”). Si bien se mantienen a la derecha en lo económico, no se les percibe como derechas de “goteo”, cosa que sí les pasa a otros presidentes como Alejandro Toledo o Alan García, que no logran esta empatía con el pueblo. La concentración de intención de voto fujimorista en los sectores D y E echa por la borda las teorías que vieron en el voto de Humala en el 2006 una ideologización de las clases bajas en contra del “modelo” económico. Si votaron contra el mercado, ¿por qué un número considerable de pobres tiene intención de dejar a su candidato del 2006 y votar por una Fujimori? Ello no quiere decir necesariamente que la ideología no pese en sectores populares, pero sí que hay algo en los líderes mencionados que les permite competir de igual a igual con la retórica redistributiva de los populistas de izquierda.

Entonces, tal vez la lección sea que el uso del Estado para construir apoyo social no pasa por banderas ideológicas de un tipo determinado, sino que bien usados estos recursos pueden servir a diversos patrones y construir capital político perdurable. Lo decisivo para construir dicho apoyo político sería el uso personalista del Estado, siendo un tema secundario la posición del líder en el espectro ideológico. Si esta es la respuesta, entonces hay razones para pensar que el modelo populista de derecha podría ser un poco más generalizable en países con similar situación socioeconómica. Colombia y Perú son países andinos con evidentes similitudes, pero también ofrecen contrastes importantes: sus economías y el manejo de las mismas, la solidez de sus partidos políticos en el pasado, su composición étnica, la magnitud de sus reformas de mercado y la profundidad del clientelismo. Si este tipo de derecha andina emerge en países con diferencias claras, tal vez podría surgir en otros países, incluso fuera de los Andes, y allí sí tendríamos que pensar en ponerle otro nombre al fenómeno.

Sin embargo, esta respuesta centrada en el gasto social y contacto directo con la población me parece insuficiente. Intuyo que este tipo de líder de derecha no puede surgir en cualquier país andino: los pobres de la región históricamente han preferido líderes populistas de izquierda. Fujimori podría superar esta objeción: ganó en 1990 con un discurso anti-mercado y luego se volvió de derecha utilizando el Estado para construir apoyo. Pero Uribe sí ganó su primera elección siendo abiertamente de derecha, el votante sabía lo que compraba. ¿Hay algo particular en Colombia y Perú que ha permitido el surgimiento y consolidación de populistas de derecha?

Keiko Fujimori le roba votos a Ollanta Humala y los empresarios y los analistas de derecha ya señalan que puede ser un mal menor frente a otras opciones. Es muy posible, entonces, que veamos más derechas andinas en los años que vienen.

Tal vez sea la experiencia de ambos países con procesos largos y sin aparente solución con grupos violentos de izquierda radical lo que da popularidad y estabilidad a este tipo de derecha. Sería la combinación entre un discurso de ley y orden, efectividad para combatir la subversión, liderar el retorno del Estado a zonas abandonadas y el uso en dicho contexto de las políticas sociales antes discutidas lo que permite el surgimiento de un líder de derecha popular. La pregunta obvia, y que nos lleva a reevaluar la importancia del aspecto estatal discutido antes, es por qué la popularidad de los Fujimori se mantiene una vez pasada la violencia. ¿Reconocimiento de sus políticas sociales y/o diferencias ideológicas en la base que no entendemos bien?

No profundizo más en las causas pues la discusión puede hacerse circular sin información concreta. El tema es sin duda relevante. Con una intención de voto superior al 60% y sin competidores a la vista, Uribe solo necesita aprobar su referéndum para reelegirse. Mientras tanto, Keiko Fujimori le roba votos a Ollanta Humala y los empresarios y los analistas de derecha ya señalan que puede ser un mal menor frente a otras opciones. Es muy posible, entonces, que veamos más derechas andinas en los años que vienen.

Conclusión

La derecha en tiempos de elecciones, entonces, goza de buena salud electoral, de agenda y de liderazgo y plantea preguntas interesantes para la academia. Con una aglomeración de estudiosos volcados hacia la izquierda (por interés académico y también por corazón militante), haríamos bien en dirigir recursos y tiempo en mirar más y mejor a la derecha, en su variedad normal y su vertiente andina.


* Profesor y coordinador de la especialidad de Ciencia Política de la PUCP. Es candidato doctoral en ciencia política en la Universidad de Texas en Austin. Ha publicado recientemente “Demócratas Precarios. Élites y debilidad democrática en el Perú y América Latina”. Lima: IEP.


  1. Por ejemplo, ver Middlebrook, Kevin (2000) Conservative parties, the Right and Democracy in Latin America, Baltimore: Johns Hopkins University Press. 
  2.  Roberts, Kenneth M. (2002). “Social Inequalities Without Class Cleavages in Latin America’s Neoliberal Era”, Studies in Comparative International Development 36, 4 (Winter): 3–33; Kurtz, Marcus J. (2004), “The Dilemmas of Democracy in the Open Economy: Lessons from Latin America.”, World Politics 56 (January): 262-302. Weyland, Kurt (2004), “Neoliberalism and Democracy in Latin America: A Mixed Record”, Latin American Politics & Society, Vol. 46, Nº 1, (Spring): 135-º57.
  3. Entre otros: Petkoff, Teodoro (2005), “Las Dos Izquierdas”, Nueva Sociedad 197; Cleary, Matthew (2006) “A ‘Left Turn’ in Latin America? Explaining the Left’s Resurgence.” Journal of Democracy 17:4 (October): 35-49; McClintock, Cynthia (2006), “A ‘Left Turn’ in Latin America? An Unlikely Comeback in Peru”, Journal of Democracy, Vol 17, Nº 4 (October 2006): 95-109; Cameron, Maxwell A. (2008), “Peru’s Left and APRA’s Victory”. Ponencia presentada en la conferencia “Latin America’s ‘Left Turn’: Political Diversity and Development Alternatives” at Harvard University, Boston, April 4-5, 2008. Weyland, Kurt (2009), “The Rise of Latin America’s Two Lefts. Insights from Rentier State Theory”, in Comparative Politics, January 2009: 145-164. 
  4. Para esta distinción ver Petkoff, op.cit; Castañeda, Jorge (2006) “Latin America’s Left Turn” Foreign Affairs 85, 3 (MayJune): 28-44.
  5. Para discusiones sobre las causas del voto de izquierda ver: Castañeda, Jorge y Patricio Navia (2007) “The Year of the Ballot.” Current History 105 (February): 51-57; Baker, Andy y Kenneth F. Greene (2009), “The Latin American Left’s Mandate:Free-Market Policies, Economic Performance, and Voting Behavior in 18 Countries”; manuscito; Stokes, Susan (2009) “Globalization and the Left in Latin America,” manuscrito, Department of Political Science, Yale University, February 27; Castañeda, Jorge y Patricio Navia (2007) “The Year of the Ballot.” Current History 105 (February): 51-57. 
  6.  Como sugirieron hace tiempo Rueschemeyer, Dietrich, Evelyn Huber Stephens y John D. Stephens (1992), Capitalist Development and Democracy, Chicago: The University of Chicago Pres.
  7. Ver, por ejemplo, el interesante trabajo de Burt, Jo Marie (2009) “Violencia y Autoritarismo en el Perú”, Lima, IEP; Ser.