Introducción

Durante el gobierno de Alberto Fujimori se instauró el Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar, que operó entre los años 1996 y 2000. La política de planificación familiar, no obstante y bajo la impronta de atacar la pobreza, fue aplicada de forma irregular y coercitiva, violando una serie de derechos humanos de miles de mujeres (Mogollón s/f: 1). Así, fueron sometidas a ligaduras de trompas sin su consentimiento informado o bajo amenazas y chantajes, en precarias e insalubres condiciones quirúrgicas, lo que generó serias complicaciones postoperatorias, al punto de que parte de ellas perdieron la vida.
Como dan cuenta varios testimonios, se fijaron metas de acciones de esterilización a los profesionales y técnicos de salud: documentos dirigidos a Alberto Fujimori dan cuenta de las metas mensuales a cumplir, así como los premios y sanciones derivadas del cumplimiento o no de estas (Diez Canseco 2012). En 2001, posdictadura, desde el Ministerio de Salud se creó una comisión especial sobre las actividades de anticoncepción voluntaria quirúrgica, es decir, sobre las esterilizaciones. El informe final salió en 2002, y mostró cifras alarmantes: entre 1995 y 2000, más de 330,000 mujeres fueron esterilizadas. Sin embargo, a pesar de contarse con documentación y cientos de denuncias, en 2009, el caso se archiva, en tanto el paso del tiempo hace perder vigencia a las denuncias y sus consecuentes sanciones.
Esta problemática responde a una situación de amplia impunidad ante la violación sistemática de derechos humanos durante la dictadura fujimorista, en el marco del periodo de violencia política en nuestro país. Esta situación provocó la indignación de parte de la población al ver que, en las elecciones presidenciales de 2011, la representante del fujimorismo, Keiko Fujimori, llegaba a la segunda vuelta con altos índices de aprobación, tentando el sillón presidencial y representando la potencial legitimación de lo que fue una política de Estado genocida. Ante esta alarmante coyuntura es que la sociedad civil se organizó para, desde las calles, alzar sus voces de protesta y activar la memoria de la gente sobre los crímenes en contra de los derechos humanos consumados durante esa dictadura.
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Leyenda: Alejandra Castro performando “Mi cuerpo no es tu campo de batalla”, junto con otras integrantes del colectivo NoSINmiPERMISO, en la plaza San Martín, Centro de Lima (Foto: Femucarinap). [ref] Foto disponible en: http://www.facebook.com/photo.php?fbid= 251387788247913&set=a.251386638248028.79120.10000 1300807436&type=3&theater[/ref]

Es así que el 26 de mayo de 2011, a pocos días de la segunda vuelta para elegir entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori, se llevó a cabo una manifestación memorable en Lima por lo multitudinaria que fue, y que significó la cumbre de las diversas acciones que meses antes ya se venían haciendo por distintos grupos. Estamos hablando de la marcha “Con esperanza y dignidad, Fujimori nunca más” (en adelante Marcha 26M, como también se le conoce), convocada por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, en contundente oposición a Keiko Fujimori. La Marcha 26M congregó a más de 20,000 personas, 1 que partieron desde la Plaza Dos de Mayo, en el Centro de Lima, y llegaron hasta el Campo de Marte, en Jesús María.
Se reunieron manifestantes de diversas instituciones, organizaciones sindicales, universidades y diversos colectivos, en su mayoría integrados por jóvenes. Uno de estos colectivos, conformado por un grupo de mujeres, se organizó para realizar una performance que quedaría para la posteridad por la repercusión que tuvo en los medios de prensa, las redes sociales y la opinión pública, en tanto la problemática que involucraba su acción artística abordaba el tema de las esterilizaciones forzadas masivas. Se trata de la performance del colectivo NoSINmiPERMISO.
La puesta en escena de “Mi cuerpo no es tu campo de batalla”
Según cuenta Alejandra Castro, integrante del colectivo NoSINmiPERMISO, dos días antes de la Marcha 26M se decidió armar una acción artística para el pasacalle de dicha marcha, y se convocó a un grupo de mujeres. Seis fueron las que respondieron, se organizaron y crearon la performance “Mi cuerpo no es tu campo de batalla”. Todas ellas están dedicadas al trabajo con el cuerpo: Ana Lucía, Carla y Eliana son performers; Carol es diseñadora de ropa; e Inés y la propia Alejandra son bailarinas. Fue precisamente a raíz de esta acción que ellas decidieron seguir trabajando juntas como colectivo, y lo bautizaron NoSINmiPERMISO, en clara alusión a la vulneración de los cuerpos sufrida por las miles de mujeres esterilizadas, precisamente, sin su permiso.
Esta performance tuvo una fuerte cuota de espontaneidad. En palabras de Alejandra:
[…] no planeamos un vestuario, no planeamos una forma de vernos bien, simplemente fue la necesidad de decir algo y el poner el cuerpo, porque las […] mujeres que estamos ahí trabajamos con nuestros cuerpos siempre […]. Entonces […] creo que hubo tal sinceridad y tal necesidad de simplemente hacer las cosas […] tan de los ovarios, que creo que ahí radica la fuerza de esta imagen […]. (Castro 2012)
La posible elección como presidenta de la república de Keiko Fujimori, representante de aquel gobierno dictatorial que su padre ejerciera, generó, entonces, la indignación masiva de cientos de jóvenes, entre ellos este grupo de mujeres, que, como hemos visto, decidieron performar, suscribiendo a Alejandra Castro, “tan de los ovarios” sobre esta realidad. Para hacer gráficamente potente su reclamo ante la impunidad de los crímenes que involucran las esterilizaciones forzadas masivas, así como frente a la falta de memoria de parte de la población en cuanto a que esto sí ocurrió, levantaron sus polleras para mostrar los úteros y ovarios que pintaron a la altura de sus vientres, así como sus piernas, manchadas con pintura roja, en representación de la sangre derramada por las víctimas de las esterilizaciones. Al mismo tiempo, una de ellas, Eliana Gonzales, guiaba a las demás con las arengas de la performance: 2
Eliana (E): ¡Mi cuerpo no es tu campo de batalla!
Todas (T): ¡Mi cuerpo no es tu campo de batalla!
E: ¡Esterilizaciones forzadas!
T: ¡Nunca más!
E: ¡No sin mi permiso!
T: ¡No sin mi permiso!
E: ¡Esperanza en el cambio!
T: ¡Sin corrupción!
E: ¡Esperanza en el cambio!
T: ¡Sin violaciones!
E: ¡Esperanza en el cambio!
T: ¡Sin matanzas!
E: ¡Fujimori!
T: ¡Nunca más!
E: ¡Keiko!
T: ¡Nunca más!
La performance como vehículo para la memoria emblemática
Un acontecimiento traumático en la historia de la violencia política de nuestro país radica, justamente, en la aplicación de las esterilizaciones masivas forzadas como política de Estado en la década de los 1990, lo que, con el fin de controlar la nación y el territorio, implicó también hacerlo con el cuerpo de las mujeres a través de su ultraje, normando su reproducción para controlar a la población nacional.
En este sentido, vemos cómo la performance sobre las esterilizaciones masivas forzadas es una puesta en escena de ese acontecimiento traumático y un llamado a su memoria. Siguiendo a Diana Taylor (1999), “la memoria es un fenómeno del presente, una puesta en escena actual de un evento que tiene sus raíces en el pasado. A través de la ´performance´ se transmite la memoria colectiva”. 3  Entonces, lo que se busca representar a través de una performance tiene como función la transmisión de una memoria social mediante la creación un espacio privilegiado para el entendimiento de los traumas padecidos por una sociedad y su memoria.
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Leyenda: Las integrantes del colectivo NoSINmiPERMISO en plena performance de “Mi cuerpo no es tu campo de batalla”, en la plaza Dos de Mayo, Centro de Lima, durante la Marcha 26M (Foto: Miriam Medina).

La performance ―al igual que la memoria y el trauma― es siempre una experiencia en el presente y opera en ambos sentidos, como un transmisor de la memoria traumática y a la vez su reescenificación (Ibídem). Es a través de la acción artística, de la performance, que se canaliza el dolor y se atrae la atención pública, tan necesaria para combatir la impunidad de crímenes y demandar la reparación a las víctimas en un nuevo Gobierno. “Mi cuerpo no es tu campo de batalla” contribuyó en traer a la coyuntura electoral el dolor de miles de mujeres esterilizadas sin su autorización o con engaños y chantajes, con el fin de que esta realidad se ponga en la agenda de los candidatos presidenciales para saber qué harían al respecto.
Ahora bien, en este marco, la performance en cuestión puede interpretarse como un vehículo para la memoria emblemática. Para poder hablar de ello, vale primero abordar lo que Steve Stern (1998) sostiene sobre la memoria emblemática: esta proviene de experiencias vividas que han adquirido distintas significaciones, sentidos y sentimientos entre individuos que forman parte de un grupo amplio. Cada grupo puede tener sus propias memorias emblemáticas, y entre estas pueden desarrollarse luchas a nivel social por cuál es la que hay que recordar, qué se debe recordar y qué no.
Para el caso que estamos analizando, podemos sostener que involucra una memoria emblemática sobre los crímenes perpetrados durante la época de la violencia política, para nuestro caso especialmente por la dictadura fujimorista. Asimismo, podemos catalogar esta memoria emblemática como contraria al regreso del fujimorismo, y estuvo en clara batalla contra la memoria emblemática fujimorista ―que, en líneas generales, considera que Fujimori salvó al país de la debacle económica y del terrorismo― en la coyuntura de las elecciones presidenciales de 2011. Volvemos así “Mi cuerpo no es tu campo de batalla”, que interpretamos como una performance representativa de la memoria emblemática contraria al regreso del fujimorismo y como transmisora, a su vez, de una memoria emblemática sobre las esterilizaciones masivas forzadas, cuyo objetivo fue generar formas de pensar esta experiencia traumática y conflictiva, y confrontarla.
Siguiendo con Stern, él sostiene que existen ciertos criterios importantes dentro de la memoria emblemática, como poseer poder de convencimiento. Para ello tiene que apoyarse en experiencias concretas y reales de la gente, es decir, en una memoria auténtica, con el fin de que haya un “eco” real en la sociedad (Stern 1998: 9). Qué más auténtico en la memoria emblemática sobre las esterilizaciones masivas forzadas que las pruebas contundentes: 62 tomos del expediente de la investigación sobre las esterilizaciones forzadas masivas, que contienen documentación de más de 2,000 mujeres afectadas, de las cuales 18 perdieron la vida, como Mamérita Mestanza, a quien le dijeron que, como ya tenía muchos hijos, debía hacerse la esterilización, de lo contrario iría a la cárcel. 4 Ella fallecería al poco tiempo de ser operada.
Asimismo, otro criterio cardinal dentro de lo que es la memoria emblemática está en su necesidad de proyección en los espacios públicos:
Las memorias emblemáticas potenciales necesitan contar con una elaboración y circulación más o menos públicas, sea en los medios de comunicación públicos de amplia circulación […] o en los actos públicos, desde las grandes manifestaciones a las acciones relámpago, chicas pero audaces, que provocan la publicidad. […] Si no hay proyección, las memorias potencialmente emblemáticas quedan culturalmente arrinconadas como algunos recuerdos sueltos más, personales y quizás arbitrarios o equivocados, sin mayor sentido colectivo. (Stern 1998: 9)
Vemos de esta manera que la Marcha 26M habría sido esa gran manifestación en el espacio público, en el que la pequeña y espontánea pero potente acción de “Mi cuerpo no es tu campo de batalla” logró la repercusión y el llamado a la memoria sobre las esterilizaciones. En este sentido, y para finalizar, podemos ver cómo las integrantes del colectivo NoSINmiPERMISO pasaron a ser, en términos de Elizabeth Jelin (2002: 62), “emprendedoras” de la memoria, convocándola como algo suyo, colectivo e importante y buscando darle un nuevo sentido al pasado, trayendo el tema de las esterilizaciones al presente no solo como un tema que tiene que abordarse en la agenda política, 5 sino como una lucha en el imaginario sobre el derecho o no que tenemos las mujeres de decidir sobre nuestros cuerpos con dignidad, autonomía y soberanía.

* Licenciada en Antropología de la PUCP y estudiante de la Maestría en Estudios Culturales de la misma universidad.

Referencias bibliográficas
Diez Canseco, J. (2012, 26 de marzo). “Las olvidadas”. En La República. Disponible en:http://www.larepublica.pe/columnistas/contracorriente/las-olvidadas-26-03-2012
Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Madrid: Siglo XXI Editores.
Mogollón, M. E. (s/f). Esterilizaciones forzadas en el Perú: mujeres esperan justicia. Disponible enhttp://www.mamfundacional.org/ef/Esterilizaciones-forzadas-MEM1709.pdf
Stern, S. (1998).  De la memoria suelta a la memoria emblemática: hacia el recordar y el olvidar como proceso histórico (Chile, 1973-1998).  Disponible enhttp://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/SStern.pdf
Taylor, Diana. El espectáculo de la memoria: trauma, performance y política. Disponible enhttp://hemi.nyu.edu/archive/text/hijos2.html
Otras referencias
Castro, A. (2012, abril). ‘Cuerpo dividido. Cuerpo que parece evidente, pero nunca es un dato indiscutible’. Ponencia presentada en el conversatorio “No sin mi permiso. Soberanía, cuerpo y derechos (no) reproductivos”, de la exposición ¿Y qué si la democracia ocurre?, de la galería 80 m2 arte&debates. Lima, Perú.

  1.  Anónimo (2011, 27 de mayo). Marcha contra Keiko Fujimori convocó a miles de personas. La República [en línea]. Recuperado el 1° de mayo de 2012 de http://www.larepublica.pe/27-05-2011/ marcha-contra-keiko-fujimori-convoco-miles-de-personas-0
  2.  Para la visualización de parte de la performance “Mi cuerpo no es tu campo de batalla” y las arengas, ver el video “Esterelização forçada nunca mas” [en línea]. Recuperado el 1° de mayo de 2012 de http://www.youtube.com/watch?v=H9OwTeU3YsU
  3.  Por memoria colectiva entendemos la construcción de “puentes interactivos entre las memorias sueltas y las memorias emblemáticas a partir de coyunturas o hechos históricos especiales, a partir de los casos en que una o dos generaciones de gente sienten que han vivido ellos o sus familias una experiencia personal ligada a grandes procesos o hechos históricos, de virajes o rupturas tremendos, que cambian el destino” (Stern 1998: 2).
  4. Declaraciones de Rossy Salazar, representante de la línea jurídica de Demus, institución encargada del caso Mamérita Mestanza (18 de abril de 2012). Programa Enlace Nacional [en línea]. Recuperado el 1° de mayo de 2012 de http://www.youtube.com/watch?feature=player_ embedded&v=cDWYUUkAATM  
  5.  Recordemos que la problemática de las esterilizaciones forzadas masivas estuvo presente en la campaña electoral, siendo uno de los temas bandera del entonces candidato Ollanta Humala para confrontar a Keiko Fujimori. Si bien las investigaciones se reabrieron el 21 de octubre de 2011, ya en pleno gobierno de Humala, hasta ahora no vemos avances en ello. Desde la Fiscalía se manifiestan serias demoras en el caso. ¿Es que acaso se esperará a que pasen los años para que nuevamente se cierre el caso y estos delitos, equivalentes al arrasamiento de un pueblo completo a través de la esterilización, proscriban, quedando en la impunidad?

Este artículo debe citarse de la siguiente manera:

Cynthia Astudillo. ““MI CUERPO NO ES TU CAMPO DE BATALLA”: PERFORMANCE Y MEMORIA EMBLEMÁTICA SOBRE LAS ESTERILIZACIONES FORZADAS MASIVAS REALIZADAS DURANTE EL GOBIERNO DE ALBERTO FUJIMORI”. En Revista Argumentos, Edición N° 2, Mayo 2012. Disponible en http://revistaargumentos.iep.org.pe/articulos/mi-cuerpo-no-es-tu-campo-de-batalla-performance-y-memoria-emblematica-sobre-las-esterilizaciones-forzadas-masivas-realizadas-durante-el-gobierno-de-alberto-fujimori/ ISSN 2076-7722