Los resultados electorales del 3 de octubre han confirmado la anunciada tendencia al desarraigo de los partidos nacionales y al posicionamiento de liderazgos en la política regional. Desde las elecciones regionales de 2006 se observaba que los presidentes regionales provenían de organizaciones regionales muy precarias, que se valían de cierto prestigio personal ganado en sus trayectorias profesionales para elegirse en sus localidades y que se trataba por lo tanto de viejas figuras en la política local. Los partidos nacionales habían prácticamente desaparecido del mapa político regional y cedido espacios a los incipientes movimientos regionales que —más por defecto que por virtud— habían vencido a los partidos en la mayoría de las regiones del país. Mirando en perspectiva las tres elecciones regionales desde que se inició la descentralización se confirma la buena racha de los movimientos regionales, pues ganaron en 8 regiones en 2002, en 18 en 2006 y en 21 en 2010, 1  y la tendencia se mantiene cuando nos referimos al número de candidatos presentados y al porcentaje de votos válidos obtenidos (Tabla 1).

Tabla 1. Partidos y movimientos según número de candidatos, votos y representantes electos en elecciones regionales de 2002, 2006 y 2010

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Fuente: ONPE. Elaboración propia *Sí Cumple en 2006 y Fuerza 2011 en elecciones de 2010.

Dos grandes problemas presenta esta tendencia en la política regional. Primero, que se ahonda la desarticulación entre política nacional y política regional, al ser actores políticos prácticamente diferentes los que participan en la arena nacional y en la subnacional (partidos de amplia representación en el Congreso como el Partido Aprista, PPC-Unidad Nacional o Unión por el Perú tienen poca o nula presencia en las regiones); y segundo, que se reproduciría en las regiones el personalismo de las organizaciones políticas nacionales, lo que como sabemos tiene nefastas consecuencias en la representación política y la calidad de gobierno. Los movimientos regionales, lejos de erradicar de la política al personalismo, podrían repetir los patrones de fragilidad organizacional e inexistente programa político. La apertura de una nueva arena de competencia electoral en el contexto de debilidad institucional que se vivía en 2002 no habría hecho más que reforzar el desarraigo de los partidos nacionales y replicar los problemas de representación en los niveles subnacionales.

Dos grandes problemas presenta esta tendencia en la política regional. Primero, que se ahonda la desarticulación entre política nacional y política regional […] y segundo, que se reproduciría en las regiones el personalismo de las organizaciones políticas nacionales, lo que como sabemos tiene nefastas consecuencias en la representación política y la calidad de gobierno.

Vistos en estos términos, los resultados electorales de 2010 no representan ninguna novedad. Como se avizoraba, algunos liderazgos regionales se siguen haciendo conocidos por su persistente participación en los comicios regionales, la mayoría de movimientos regionales sigue funcionando como pequeñas maquinarias electorales a merced de sus candidatos y los electores votan por caras en lugar de programas de gobierno. Aunque es muy prometedor que los líderes regionales que se han elegido en 2010 cuenten con un pasado político o vida pública sobre el cual juzgarlos, siendo más exigentes, esto no supone necesariamente la consolidación de organizaciones políticas regionales, y se necesita más investigación en este punto. Una verdadera novedad sería que los liderazgos locales que ya se habían detectado en las elecciones regionales de 2006, 2 y que se han reelegido en 2010, hubiesen favorecido la institucionalización de movimientos regionales, dando lugar a la configuración de verdaderos sistemas de partidos regionales.Si bien a grandes rasgos se podría confirmar las tendencias a la consolidación de un enclave limeño para los partidos nacionales y el posicionamiento de liderazgos regionales sin claras perspectivas para las organizaciones políticas que los acompañan, solo un análisis región por región y a lo largo de las tres elecciones puede revelar matices y patrones recurrentes en la competencia electoral regional que pueden haber pasado desapercibidos. Presentamos aquí una primera aproximación cuantitativa a los diferentes niveles de fragmentación y volatilidad en los muy embrionarios sistemas regionales de competencia electoral comparando los tres procesos electorales: noviembre de 2002, noviembre de 2006 y octubre de 2010. Planteamos que los niveles de natalidad y mortalidad de los movimientos regionales son muy variables y que algunas regiones se alejan mucho de las ideas comunes que manejamos sobre la mayor fragmentación y la alta volatilidad en la política regional.
Fragmentación política e inflación de candidatos
Una de las hipótesis aparentemente confirmadas con los resultados de octubre es que la fragmentación de la política regional se viene acentuando. Sin embargo, un análisis más detallado de los resultados en los tres procesos electorales permite observar que hay diferencias importantes entre regiones. La inflación de candidatos, si bien es un fenómeno extendido que preocupa mucho debido a sus efectos en la cantidad y calidad de la información que reciben los electores durante la campaña, no es un problema que genera inquietud en todas las regiones por igual. 3
Contra el sentido común del aumento indiscriminado de candidatos regionales, en Ucayali, Callao, Moquegua, Huánuco, Cusco, San Martín, Huancavelica y Ayacucho, las candidaturas han sufrido un ligero declive (Tabla 2), especialmente en Ucayali y Callao, pues estas pasaron de 12 a 7 y de 12 a 8 entre 2002 y 2010. Así como se ha detectado casos extremos de aumento significativo de candidatos, como en Puno, Ica o Ancash, donde los candidatos casi se han triplicado, o casos más neutros, donde los candidatos se han mantenido en el mismo nivel o han aumentado ligeramente en dos o tres nuevas candidaturas, es importante no perder de vista los casos contrarios, donde este fenómeno, que pretende ser una regla para la política regional, no se cumple.
Tabla 2. Regiones según incremento de candidaturas entre 2002 y 20104
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Fuente: ONPE. Elaboración propia

Aparentemente, el gran atractivo de la presidencia regional, manifiesto en el alto número de candidatos nuevos, no estaría tan acentuado en Ucayali y Callao. Aunque en ambas regiones los presupuestos del gobierno regional han aumentado producto de la descentralización, al parecer la consolidación de movimientos regionales habría desmotivado la incursión de nuevas agrupaciones que, a pesar de no tener muchas opciones de ganar, suelen presentarse para tentar la suerte. 4 En Ucayali, el fortalecimiento de Integrando Ucayali y en el Callao la consolidación de Chim Pum Callao podrían haber disminuido las posibilidades electorales de nuevos candidatos.

Además, un mayor número de agrupaciones políticas compitiendo en la mayoría de las regiones no implica que el voto se haya dispersado más en 2010 que en elecciones previas; al contrario de lo que se esperaría, la fragmentación electoral promedio se ha mantenido estable.

Además, un mayor número de agrupaciones políticas compitiendo en la mayoría de las regiones no implica que el voto se haya dispersado más en 2010 que en elecciones previas; al contrario de lo que se esperaría, la fragmentación electoral promedio se ha mantenido estable entre 2010 y 2002 (Tabla 3), y un buen número de regiones ha disminuido su fragmentación extrema: Callao, San Martín, Moquegua, Piura, Ucayali, Cusco, Ayacucho, Huancavelica, Huánuco y Junín, lo cual podría indicar que las preferencias electorales se han concentrado más en dos o tres agrupaciones políticas en la región, sin importar si el numero simple de competidores ha aumentado. En algunas regiones la menor dispersión respondió a escenarios donde ciertos movimientos regionales vienen acumulando credenciales políticas desde 2002 (Nueva Amazonía en San Martín, Integrando Ucayali en Ucayali, Chim Pum Callao en Callao), o escenarios donde una fuerza partidaria se disputa con un movimiento regional una de sus pocas plazas en el tablero nacional (Hechos y no Palabras y Somos Perú en Huánuco, Innovación Regional y Alianza para el Progreso en Ayacucho, y PAN y Gran Alianza Nacionalista en el Cusco), o regiones donde los movimientos regionales han formado una alianza electoral (Unidos Construyendo de Javier Atkins en Piura).
Tabla 3. Regiones según el índice de fragmentación6
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Asociado a un número grande de competidores está el nacimiento de los movimientos regionales, pues los partidos políticos nacionales no podrían dar cuenta de la casi duplicación del total de candidaturas dado su proceso de repliegue desde 2002 (Tabla 1). Los movimientos regionales han pasado de 51 candidaturas en 2002 a 157 en 2010; en cambio, los partidos políticos han disminuido muy ligeramente el número de candidaturas, fluctuando entre 172 en 2002, 149 en 2006 y 138 en 2010, aunque con una clara disminución de la participación de los partidos nacionales en favor de pequeños partidos sin representación nacional en el Congreso (Alianza por el Progreso y el Fonavistas del Perú en 2010, el Partido Humanista y Fuerza Democrática en 2006 y el MNI en 2002). Quizás debido a la inercia partidaria de presentar un candidato cada vez que se avecinan las elecciones a pesar de no tener candidato propio, mezclada con la habilidad de reclutar líderes regionales a quienes prestarle el membrete partidario con tal de que este no caiga en desuso, los partidos políticos han podido mantenerse en competencia.
Sin embargo, la efectividad electoral de los partidos ha ido disminuyendo drásticamente. Los porcentajes de votos que reciben los partidos políticos (parlamentarios y no parlamentarios) versus lo que reciben los movimientos regionales (Tabla 4) nos indican que el número de regiones donde tenían una presencia respetable (más de 80% de los votos válidos) está en proceso de extinción.
Si en 2002 ocho regiones se ubicaban en el rango de más de 80% de votos confiados a los partidos, en 2010 no encontramos a ninguna. De Lima, Cajamarca, Ancash, Ica, Lambayeque, Arequipa, La Libertad y Piura, que cedieron más de 80% de los votos a los partidos en 2002 —especialmente al APRA, que ganó la presidencia regional en esas nueve regiones—, en 2010 solo La Libertad y Lambayeque mantienen un disminuido 60%-80% de apoyo electoral para los partidos. En La Libertad sobresale el debilitado APRA, que ganó muy reñidamente la presidencia regional en 2010, después de haberla conseguido consecutivamente en 2002 y 2006; y en Lambayeque resalta que haya ganado Alianza para el Progreso en 2010 y el Partido Humanista en 2006, partidos de inscripción nacional pero sin representación parlamentaria. Es decir, las regiones donde antes ganaban abrumadoramente los partidos han ido progresivamente pasando de manos de los partidos nacionales a los movimientos regionales y nuevos partidos sin representación nacional.
Tabla 4. Regiones según porcentaje de votos para partidos políticos sobre el total de votos válidos en la región
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Fuente: ONPE. Elaboración IEP

Además, al mirar los detalles dentro de estas tendencias generales, encontramos que en algunas regiones el retroceso de los partidos es mucho más dramático que en otras. En Puno, Amazonas, Moquegua, Arequipa, Callao, Loreto, Huancavelica y Ucayali, por ejemplo, los partidos han prácticamente desaparecido en 2010, alcanzando menos del 20% de los votos válidos en cada región, donde antes llegaban al menos a 40% o 60%. Esto indicaría que allí los movimientos regionales han encontrado más opciones políticas para multiplicarse y competir, y que algunos de estos movimientos han ido aumentando elección tras elección sus niveles de votación.
Volatilidad electoral y mortalidad de los movimientos regionales

Pero así como hemos visto que la inflación de candidatos va de la mano del nacimiento de nuevos movimientos regionales, estos mismos movimientos en muchas ocasiones, dada su precariedad y dependencia respecto de un líder político, desaparecen con mucha facilidad.

Pero así como hemos visto que la inflación de candidatos va de la mano del nacimiento de nuevos movimientos regionales, estos mismos movimientos en muchas ocasiones, dada su precariedad y dependencia respecto de un líder político, desaparecen con mucha facilidad. 5 La alta volatilidad electoral, entonces, se entiende dentro de este marco de inestabilidad del apoyo electoral que reciben las organizaciones que compiten elección tras elección, pero sobre todo en el marco de la constante aparición y desaparición de movimientos regionales, aun si en 2010 la tendencia a la reelección haya aumentado respecto de elecciones previas.Una mirada a la volatilidad 6   entre los tres procesos electorales nos permite confirmar que la política regional está en constante trasformación y que no se ha podido estabilizar en lo que va de los ocho años de descentralización y tres procesos electorales regionales. Sin embargo, esta alta volatilidad no parece tan aguda si se mira en perspectiva (Tabla 5), puesto que ha disminuido en lo que va de los tres periodos electorales y que no es mayor que la volatilidad existente en el nivel nacional. En promedio, la volatilidad de las regiones alcanza el 41,2% para el periodo 2002-2006 y el 39,8% para el periodo 2006-2010, y se puede observar que es considerablemente menor a la volatilidad nacional de 51,8% que registra Jones (2005) para el Perú.
Tabla 5. Regiones según índice de volatilidad electoral
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Además, si miramos en el interior de los departamentos encontramos que hay diferencias sustanciales en los niveles de volatilidad electoral, pues el rango es muy amplio; algunos presentan una volatilidad abrumadora y otros una estabilidad que rompe con el sentido común. En el extremo inferior de volatilidad encontramos que San Martín, Callao y La Libertad, por ejemplo, presentan niveles por debajo del 30%, lo que quiere decir que la mayoría de organizaciones políticas que perseveran allí recuperan su nivel de votación en la siguiente elección. Esta información no sorprende si tomamos en cuenta que en estos tres últimos casos movimientos regionales han dominado las preferencias políticas en los tres procesos electorales. En San Martín destaca Nueva Amazonía, en el Callao, Chim Pum Callao, y en La Libertad, el APRA, aunque este último cada vez más debilitado.
Del otro extremo, las regiones con mayor volatilidad son Puno, Lambayeque y Junín, que superan el 50% de volatilidad, denotando una extrema variabilidad en el comportamiento electoral y una oferta electoral signada por el corto periodo de vida de los movimientos regionales. Este extremo volátil junto al otro extremo más estable nos permiten observar que la tendencia general a la volatilidad es muy heterogénea; hay regiones donde algún tipo de regularidad de la competencia política se estaría gestando y otras donde la inestabilidad de las preferencias electorales pone de manifiesto una activa y constante búsqueda del electorado de opciones políticas convincentes y la debilidad de los liderazgos regionales por construir proyectos políticos duraderos.
¿Inestabilidad o dinamismo?
Además de la importancia del fortalecimiento de liderazgos regionales que los analistas han tenido el tino de señalar, los resultados de las elecciones del pasado 3 de octubre de 2010 nos brindan una oportunidad para mirar en perspectiva temporal las diferentes tendencias que cada región va presentando en los tres procesos electorales. De un rápido análisis de las cifras, saltan a la luz patrones electorales muy heterogéneos entre regiones, que demostrarían que la lectura única que se hace desde Lima a “la política regional” fragmentada e inestable es más diversa de lo que se cree.

¿Hasta qué punto podemos considerar que lo que se vive actualmente en las regiones es un proceso hacia una mayor fragmentación y volatilidad en lugar de un proceso natural de nacimiento y muerte de movimientos que empiezan a ver oportunidades políticas que no existían antes de la descentralización? Tiempo al tiempo.

La inflación de candidaturas, por ejemplo, es un fenómeno que no se presenta en todas las regiones por igual; al contrario, en ocho regiones estas han disminuido ligeramente. Además, la inflación de candidaturas, que sí persiste en otras regiones, no implica necesariamente una mayor fragmentación electoral, puesto que, al contrario de lo esperado, una cierta tendencia a un menor nivel de dispersión de la votación se presenta en algunas regiones donde uno o dos movimientos regionales se están consolidando. Asociado a esto, los partidos han perdido abrumadoramente la limitada efectividad electoral que presentaron en 2002, y los movimientos regionales o partidos sin representación nacional han ido cubriendo esos espacios. Sin embargo, no hay que olvidar que en la mayoría de los casos esto aún es el reflejo del malestar de los ciudadanos con los partidos políticos, sumado a la preferencia de los liderazgos regionales de fundar sus propias casas electorales en lugar de alquilar un lugar bajo el paraguas de los partidos. El tiempo dirá en qué medida estos liderazgos regionales darán lugar a organizaciones políticas propiamente dichas que logren articular programas políticos sobre la base de las problemáticas regionales con las que los ciudadanos se identifiquen.A pesar de la constante aparición y desaparición de movimientos regionales, la volatilidad electoral se mantiene estable y por debajo de la volatilidad nacional, y el rango de volatilidad electoral entre regiones es muy amplio, lo que permite observar que hay algunas donde algún tipo de regularidad de la competencia política se estaría gestando, dentro del contexto de muchos liderazgos regionales ávidos por construir nuevas propuestas para su región. ¿Hasta qué punto podemos considerar que lo que se vive actualmente en las regiones es un proceso hacia una mayor fragmentación y volatilidad en lugar de un proceso natural de nacimiento y muerte de movimientos que empiezan a ver oportunidades políticas que no existían antes de la descentralización? Tiempo al tiempo.

* Socióloga, investigadora del IEP.
Agradezco al IEP la sistematización de los resultados electorales de 2010.

Referencias bibliográficas

Jones, Mark P.. “The role of parties and party systems in the policymaking process”. En State reform, public policies, and policymaking processes. Washington: BID, 2005.
Muñoz Chirinos, Paula. “¿Consistencia política regional o frágiles alianzas electorales? El escenario electoral cuzqueño actual”. En Revista Argumentos, año 4, n° 3, julio 2010.
Meléndez, Carlos y Sofía Vera. “Si todos perdieron, ¿quién ganó? Los movimientos regionales en las elecciones de noviembre del 2006”. En Revista Argumentos, año 1, n° 4, diciembre 2006.
JNE. “Elecciones regionales y municipales 2002-2006: Organizaciones políticas inscritas”. Estadísticas generales, Jurado Nacional de Elecciones s/f.
Remy, María Isabel. “Elecciones regionales 2010 o el sueño de la candidatura propia”. En Revista Argumentos,, año 4, n° 3, julio 2010.

  1. Diez regiones tendrán segunda vuelta el 5 de diciembre (Amazonas, Ayacucho, Huánuco, Ica, Lambayeque, Lima, Madre de Dios, Pasco, Puno y Tumbes) según la modificación de la Ley 29470 de elecciones regionales, que establece una barrera mínima de 30% de los votos para ser electo en primera vuelta. 
  2. Meléndez y Vera (2006).
  3. Además, como mencionaremos más adelante, el índice de fragmentación que capta qué tan dispersas están las preferencias electorales indicaría que no hay una tendencia al aumento de la fragmentación electoral. Por lo pronto nos referimos a la inflación de candidatos a base de un conteo simple del número de candidatos.
  4.  Ver Remy (2010) sobre las razones de la “explosión” de candidatos y su relación con la introducción de la segunda vuelta.
  5. Un reporte del JNE indica que entre 2002 y 2006, 48 organizaciones políticas dejaron de participar, 92 fueron nuevas y solo 15 ya habían participado en 2002.
  6. La volatilidad electoral se calcula sumando las diferencias porcentuales absolutas de votos ganados o perdidos por cada agrupación política de una elección a la siguiente y dividiéndola entre dos. Si una agrupación política compite en una elección pero no lo hace en la elección siguiente, se cuenta su porcentaje de votos en la primera elección como su porcentaje de cambio. Cuando una agrupación política cambia de nombre pero tiene una continuidad obvia a través de un líder o grupo político, se cuenta como si fuese la misma agrupación. Este índice da cuenta de los cambios en las preferencias electorales de una elección a otra pero no puede explicar comportamientos individuales.