Reseña: La montonera liberal del cura Chumán. Norte del Perú, 1910
Piedad Pareja Pflücker y Alfredo Muro Flores.
Piedad Pareja Pflücker, 2024, 180 pp.
Universidad Nacional de Trujillo. Perú
https://orcid.org/0000-0003-3650-1010
isaactru@hotmail.com
DOI: https://doi.org/10.46476/ra.v7i1.244
En el 2024, Piedad Pareja Pflücker y Alfredo Muro Flores publicaron un libro en el que abordan las causas del levantamiento armado de las montoneras de la provincia de Lambayeque, así como el rol que jugó la prensa nacional y local al cubrir los acontecimientos. Los autores presentan también las motivaciones políticas de los líderes rebeldes y cuestionan interpretaciones previas sobre el mismo tema.
El libro está dividido en cinco capítulos. En los tres primeros se exponen los antecedentes y la dinámica del conflicto; en los dos últimos, se examina el papel de la prensa y la manera en que informaron sobre los enfrentamientos armados. Cronológicamente, esta investigación se enfoca en el primer gobierno de Leguía, quien sucedió como presidente a José Pardo y Barreda, ambos miembros del partido civil.
Este partido ejercía el poder desde finales del siglo XIX y, debido al esfuerzo sistemático por desarrollar y fortalecer al Estado, sus gobiernos habían adoptado características centralistas (Contreras & Cueto, 2000). Un proceso que tuvo sus antecedentes en la era del guano (Quiroz, 2010) y que se acentuó, sobre todo, después de la guerra con Chile. Estas nuevas reglas de juego, instauradas por el civilismo, trajeron consecuencias en las regiones, las cuales se manifestaron en acciones políticas contra el gobierno central por parte de quienes aspiraban a ser autoridades locales. A ello se sumó la continuidad en el poder del mismo partido que provocó la radicalización de algunos de sus cuadros (lo que se evidenció, sobre todo, entre las filas del partido liberal); así, ambos factores convergieron a inicios de la segunda década del siglo XX.
Precisamente, Pareja y Muro abordan estos problemas políticos en un espacio local del norte del Perú: la provincia de Lambayeque. En particular, analizan la respuesta en Ferreñafe y Jayanca de liberales y demócratas contra las medidas políticas del gobierno de Leguía respecto a la amnistía de los insurgentes de 1908 y las elecciones municipales de 1910. Al inició del libro, se explica que las ideas de Augusto Durand sobre el derecho a la insurrección influyeron en la decisión de las montoneras para levantarse en armas. Él había defendido esta postura en su tesis de bachiller en jurisprudencia y se oponía a la omisión de este derecho en la constitución política peruana, el cual, como señalan los autores, tampoco había sido incluido en las cartas magnas del siglo XIX, sino recién en la de 1979. Por ello, no sorprende que algunos jefes de las montoneras, al pertenecer al partido liberal, hayan sido influenciados por las ideas del líder fundador.
Los autores consideran también un factor importante, para entender este alzamiento de las montoneras, la demarcación territorial, es decir, la manera en que estaba constituido políticamente este espacio local. Lambayeque como provincia fue separada del departamento de La Libertad por el presidente Balta, quien había encabezado una rebelión en Chiclayo en 1867 (acto que le permitió acceder, luego, a la presidencia de la República). Una vez independiente fue convertida en departamento y se conservó para la nueva jurisdicción el nombre de Lambayeque; sin embargo, Chiclayo fue elegida como la capital. Su creación se efectuó durante el gobierno de Manuel Pardo. Y, aunque para 1911 aún Lambayeque, como provincia, superaba demográficamente a Chiclayo, a esta última la tendencia creciente en número de habitantes le era favorable, lo que explica la decisión para esta nueva configuración territorial.
De esta manera, la ciudad de Lambayeque, en un periodo de cuarenta años, fue desplazada políticamente por Chiclayo y con tendencia a serlo también demográficamente en pocos años; además, como se sostiene en el libro, aquella provincia tuvo que soportar directamente los efectos del centralismo en el interior del país en el ámbito social y económico, manifestados a través de un proceso de ruralización después de la creación del departamento del mismo nombre. Esto dio lugar, a su vez, a una escasez de mano de obra disponible para las haciendas, las cuales sostenían su economía sobre la base de la agricultura que era controlada por los hacendados agroexportadores, entre los que destacaban tres como los mayores contribuyentes: Juan Aurich, de la hacienda Batán Grande; Víctor Moreno, de la hacienda La Viña y Genaro Barragán, de la hacienda Luya y Pencal. A esta problemática, se sumaron la falta de conocimientos e instrumentos técnicos de los agricultores, así como la escasez de agua. No obstante, Pareja y Muro descartan estos factores como sustento para el alzamiento en armas en la provincia de Lambayeque, como ha sido esgrimido por otros investigadores. Respecto al agua, afirman, por ejemplo, que el gobierno atendió los reclamos a inicios de 1910 y puso en marcha medidas para la mejora en su distribución, lo que explica que los montoneros no apelaran a este problema como motivación para la decisión que habían tomado.
Los autores consideran que la causa de la insurrección fue de carácter político «y no fue un suceso generado por problemas locales, sino que obedeció al llamamiento de un grupo de conjurados liberales del sur» (p. 54). El primer gobierno de Leguía estuvo marcado por convulsiones internas y externas. Comenzando su gobierno, sufrió un intento de golpe de estado por parte de demócratas y liberales en 1909 y, a inicios del 1910, un conato de guerra tras el incumplimiento de Ecuador de respetar el laudo arbitral del rey de España sobre el problema fronterizo. A finales de octubre del mismo año, comenzarían los levantamientos armados de las montoneras en la sierra sur y norte peruano.
En el libro se indica que los alzamientos se debieron a que la ley de amnistía que presentó el diputado Mariano Lino Urquieta a la cámara de diputados, para que liberaran a los presos políticos, no fue aprobada por el Congreso. El rechazo a esta ley ocurrió el 25 de octubre; días después, comenzaría un estallido político en diversas partes del Perú, encabezado principalmente por liberales, y secundado por demócratas. En el caso de Lambayeque, sin embargo, se sumaron otras motivaciones. Manuel Casimiro Chumán, antes de levantarse en armas en Ferreñafe, a inicios de noviembre, había intentado ser alcalde de este distrito en 1908, sin conseguirlo debido a que la decisión de la Junta Departamental no le favoreció. Así, ante las elecciones controvertidas de 1908, el Congreso promulgó la Ley N.° 1072 de elecciones municipales en 1909. Chumán, frente a este nuevo escenario, hizo su reclamo a la Junta, la cual se ratificó en su decisión sobre el gobierno de Manuel Mesta para el periodo 1909-1911. La nueva ley municipal contemplaba, no obstante, que deberían realizarse elecciones en el mes de noviembre de 1910; este detalle, el de no respetar la ley dada por el Congreso, fue interpretado por el candidato perdedor como un acto de injusticia que lo llevó a alzarse contra el gobierno, ya que la autoridad departamental dependía del poder central, vale decir, de Leguía. Así, en este espacio local, Casimiro Chumán y los integrantes del partido liberal, como Orestes Ferro, terminaron teniendo un enemigo político en común.
En cuanto a Orestes Ferro, Pareja y Muro mencionan que era integrante del partido liberal y había participado del golpe de estado contra el presidente. Debido a ello, fue capturado y puesto en prisión; sin embargo, al poco tiempo, fugó del panóptico y viajó a Eten. De este modo, era un conocido antileguiísta y, cuando decidió oponerse al gobierno central mediante la violencia, tuvo el respaldo del partido liberal de la región y de otros partidos también desafectos al presidente. Una vez en la provincia de Lambayeque, se alzó contra Leguía (junto con Juan de Dios Lora y Cordero, el comandante César Mendiburu y José Cadillo) en el distrito de Jayanca a inicios de noviembre de 1910, en paralelo al alzamiento del clérigo Chumán y Aurelio Matute en Ferreñafe, y a la conjura que se realizaba en el sur.
En los dos últimos capítulos, los autores señalan que cuando iniciaron los alzamientos armados en el norte y el sur, los enfrentamientos no se limitaron al campo de batalla, sino también al de las ideas y representaciones discursivas. Esto se vio reflejado en la prensa escrita cuando los diarios más importantes de circulación nacional comenzaron a informar sobre el desarrollo de los acontecimientos. El Comercio y La Prensa, de ideologías distintas (el primero, conservador y gobiernista; el segundo, liberal y de oposición, fundado por Augusto Durand), calificaron de manera diferente a esos movimientos: El Comercio los denominó subversivos, mientras La Prensa evitó usar ese calificativo, en cambio puso su atención en lo que pasaba en el sur y moderaba su retórica sobre los hechos que ocurrían en el norte. Asimismo, criticaba y condenaba al gobierno por las medidas represivas que ejercía, y justificaba implícitamente los alzamientos en el departamento de Lambayeque. Por su parte, el diario de los Miró Quesada difundía con más detalle la información y respaldaba las acciones represivas que Leguía tomaba.
En el libro se destacan los detalles de los enfrentamientos armados entre los rebeldes y las fuerzas del orden a través de esos periódicos (principalmente a través de El Comercio, que siguió el desarrollo de los hechos) y también por medio de algunos diarios locales y regionales. Así, se sabe que los alzamientos de Ferreñafe y Jayanca ocurrieron de manera simultánea y que en aquel distrito entraron al grito de: ¡Viva la revolución! ¡Viva Piérola! ¡Viva Durán! ¡Viva Chumán! Luego, asaltaron el cuartel y se llevaron las armas, seguidamente atacaron las casas del gobernador y del teniente gobernador, al cual asesinaron. Por último, secuestraron a diversas personalidades del lugar y se las llevaron a la hacienda Batán Grande. Por su parte, Oretes Ferro entró a la oficina telegráfica de Jayanca y junto con sus secuaces destruyeron los equipos y asesinaron al gobernador Demetrio Alvarado; posteriormente, atacaron la hacienda La Viña. Los montoneros, después de saquear las casas de los gobiernistas, se dedicaron a imponer cupos a los pobladores de Motupe, Olmos y Batán Grande.
Pareja y Muro mencionan que, frente a estos hechos, Augusto B. Leguía, Enrique Stevenson, ministro de gobierno y policía; José Ramón Pizarro, ministro de guerra y marina, y el Gral. Pablo Clemente, jefe del Estado Mayor, tomaron las medidas del caso. Así, se designó como jefe de la operación para la contención de los insurgentes a José A. Baca, quien llegó con el Batallón N.° 3 de Pacasmayo a Eten Puerto. A este lugar también se trasladó al escuadrón de caballería N.° 7 y N.° 9 de infantería de Paita y una partida de la infantería montada del Callao.
Los autores concluyen su estudio con la descripción del enfrentamiento armado y su desenlace. Mencionan que los rebeldes estuvieron divididos en tres grupos. El primero, liderado por Orestes Ferro y Juan de Dios Lora (jefe de Estado Mayor de los insurgentes), se hallaba en Motupe, donde se encontraba también el segundo grupo, liderado por Manuel Casimiro Chumán, José y Francisco Samamé, entre otros. El tercer grupo se ubicaba en Batán Grande, encabezado por Aurelio Matute, quien era secundado por Carlos Condemarín, los Tello de Chiclayo y algunas personalidades locales. Los montoneros no recibieron el apoyo de la población, por ejemplo, en San Miguel, distrito de Hualgayoc, capturaron a Anibal Chavarri y al ingeniero José Vilchez, integrante del grupo liderado por Matute. Según información oficial, este caudillo y sus huestes fueron derrotados el 27 y 28 de noviembre en Litcan y Catache, en Cajamarca. Días después, el 30 de noviembre, cayeron los grupos liderados por Orestes Ferro y Casimiro Chumán tras un desigual enfrentamiento con el Ejército, en un intento por volver a capturar Ferreñafe, resguardado por el capitán Pablo Rossel y setenta soldados, quienes respondieron el ataque abriendo fuego con las ametralladoras, lo que provocó, rápidamente, un número importante de bajas y heridos entre sus miembros y la huida de otros hacia Batán Grande. Según el reporte oficial del general Enrique Varela, comandante militar del norte, en total murieron veintiún montoneros y un soldado. En el libro se señala que, a partir de este momento, respecto a los que consiguieron huir (entre ellos Orestes Ferro y Casimiro Chumán), las versiones oficiales y, sobre todo, de los diarios se confunden y pierden exactitud: se habla de la prisión de uno y la muerte del otro. Sin embargo, por medio de la prensa, se supo que ambos fueron enjuiciados en 1910 y 1912, pero que ninguno fue a prisión gracias a la Ley de Amnistía N.° 1409 que Leguía promulgó el 26 de setiembre de 1911.
En la reconstrucción de los hechos que hacen Pareja y Muro, se aprecia la existencia de varios liderazgos; no obstante, el título del libro sugiere lo contrario. Se menciona: «La montonera liberal» del cura Chumán, pero, más adelante, indican que fue dirigente del partido «Demócrata de Ferreñafe» (p.50.), aliados circunstanciales de los liberales contra Leguía. No hubo un liderazgo único en los hechos, más bien, como los mismos autores sostienen, convergieron intereses de los jefes ante un enemigo en común. Mencionan que lo sucedido en esa provincia se trató de un plan mayor orquestado por el partido liberal, al cual Ferro pertenecía, y que Chumán solo se sumó al alzamiento en armas motivado más por intereses personales que por principios ideológicos: su no reconocimiento como alcalde. Por otro lado, como complemento de las motivaciones políticas, hubiera sido interesante también que en el libro se ahondara más en las tensiones sociales detrás de la presencia de las montoneras en Lambayeque para tener una imagen más acabada de por qué solo en esta provincia del norte se formó un movimiento insurgente con relativa facilidad contra Leguía en 1910. Sin embargo, también es cierto que los autores se han enfocado en estudiar a los líderes de estos movimientos, debido a la poca información disponible, como lo indicaron en la introducción.
De todos modos, este libro constituye un aporte significativo al estudio de las montoneras en el norte peruano a inicios del siglo XX; asimismo, es una contribución valiosa para la comprensión de una parte importante de la historia de Lambayeque. A través del estudio de la motivación política como causa del conflicto, los autores logran mostrar la agencia de los líderes involucrados en el alzamiento armado y vincular un acontecimiento local a un proceso histórico nacional: al desarrollo de un estado centralista que venía imponiéndose desde finales del siglo anterior, y que tuvo en Leguía a unos de sus propulsores como integrante del partido civil.
Referencias
Contreras, C. y Cueto, M. (2000). Historia del Perú contemporáneo. Instituto de Estudios Peruanos.
Quiroz, F. (2010). Historia y nación. Historiografía peruana desde Túpac Amaru a la Guerra del Pacífico [Tesis de doctorado, Universidad Mayor de San Marcos]. Repositorio ALICIA (CONCYTEC) https://alicia.concytec.gob.pe/vufind/Record/UNMS_17c1d2ee239066d8a7e10837d8a1a1df/Details