Ver sin padecer, padecer sin ver:

percepción y tolerancia a la desigualdad en el Perú

 

César Julinho García Ríos

Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú /

Centro Federal de Educação Tecnológica Celso Suckow da Fonseca, Brasil

https://orcid.org/0009-0000-5697-1947

cesar.rios@aluno.cefet-rj.br

 

Recibido: 15.04.2026

Aprobado: 04.06.2026

DOI: https://doi.org/10.46476/ra.v7i1.258

 

Resumen

¿Por qué quienes más padecen la desigualdad son también quienes menos la perciben? Este artículo analiza esa paradoja a partir de las dos ediciones de la Encuesta Nacional de Percepción de Desigualdades (ENADES 2022 y 2024), producidas por el Instituto de Estudios Peruanos y OXFAM Perú. Mediante análisis de correspondencias múltiple, regresión logística ordenada y análisis de origen social intergeneracional, se compara la evolución de la percepción, las causas atribuidas y la tolerancia a la desigualdad entre ambos períodos. Los resultados confirman que la paradoja perceptiva persiste: el nivel socioeconómico A/B (NSE A/B) percibe mayores niveles de desigualdad (67.7 %) que el NSE D/E (43.3 %), a pesar de experimentar esta problemática en menor medida. En ese sentido, se identifican tres hallazgos en 2024. En primer lugar, la clase media emerge como nuevo predictor significativo de una mayor percepción de desigualdad; seguido de «conocer a la gente adecuada» que desplaza al modelo meritocrático puro como segunda causa percibida del éxito; y, finalmente, la ideología de derecha se convierte en predictor significativo de mayor tolerancia en un contexto preelectoral. El análisis de origen social muestra que quienes ascendieron vía educación desde posiciones desfavorables perciben menos desigualdad que sus pares de origen privilegiado, lo que es consistente con el rol que la literatura atribuye a las narrativas meritocráticas en la invisibilización de las barreras estructurales.

Palabras clave: percepción de desigualdad, tolerancia a la desigualdad, pobreza, justificación del sistema, meritocracia, ancho de banda cognitivo, origen social, ENADES, Perú

 

Seeing without suffering, suffering without seeing: perception and tolerance of inequality in Peru

Abstract

Why do those who suffer most from inequality also perceive it the least? This article examines this paradox using data from the two available editions of Peru’s National Survey on Perceptions of Inequality (ENADES 2022 and 2024), produced by the Instituto de Estudios Peruanos and OXFAM Peru. Using multiple correspondence analysis, ordered logistic regression, and intergenerational social origin analysis, the study compares the evolution of inequality perception, attributed causes, and tolerance between both periods. Results confirm the perceptual paradox persists: the highest socioeconomic group (NSE A/B) perceives higher levels of inequality (67.7%) than the lowest (NSE D/E, 43.3%), despite experiencing it to a lesser extent. Three findings emerge in 2024. First, the middle class becomes a significant predictor of higher inequality perception; second, «knowing the right people» displaces the purely meritocratic model as the second most cited cause of economic success; and third, right-wing ideology becomes a significant predictor of greater tolerance in a pre-electoral context. Social origin analysis shows that upwardly mobile individuals who accessed higher education from disadvantaged backgrounds perceive less inequality than their privileged-origin peers, which is consistent with the role that the literature attributes to meritocratic narratives in concealing structural barriers.

Keywords: inequality perception, inequality tolerance, poverty, system justification, meritocracy, cognitive bandwidth, social origin, ENADES, Peru

 

Ver sem padecer, padecer sem ver: percepção e tolerância à desigualdade no Peru

Resumo

Por que aqueles que mais sofrem com a desigualdade são também os que menos a percebem? Este artigo analisa esse paradoxo com base nas duas edições da Pesquisa Nacional de Percepção de Desigualdades (ENADES 2022 e 2024), produzidas pelo Instituto de Estudios Peruanos e pela OXFAM Peru. Por meio de análise de correspondências múltiplas, regressão logística ordenada e análise de origem social intergeracional, compara-se a evolução da percepção, das causas atribuídas e da tolerância à desigualdade entre os dois períodos. Os resultados confirmam que o paradoxo perceptivo persiste: o grupo socioeconômico mais alto (NSE A/B) percebe maiores níveis de desigualdade (67,7%) do que o mais baixo (NSE D/E, 43,3%), apesar de experimentá-la em menor medida. Três achados emergem em 2024. Em primeiro lugar, a classe média surge como novo preditor significativo de maior percepção de desigualdade; em segundo lugar, «conhecer as pessoas certas» substitui o modelo puramente meritocrático como segunda causa percebida do sucesso econômico; e, por fim, a ideologia de direita se torna um preditor significativo de maior tolerância em um contexto pré-eleitoral. A análise de origem social mostra que indivíduos com mobilidade ascendente via educação, a partir de posições desfavorecidas, percebem menos desigualdade do que seus pares de origem privilegiada, o que é consistente com o papel que a literatura atribui às narrativas meritocráticas na invisibilização das barreiras estruturais.

Palavras-chave: percepção de desigualdade, tolerância à desigualdade, pobreza, justificação do sistema, meritocracia, largura de banda cognitiva, origem social, ENADES, Peru

 

1. Introducción

En 2024, la pobreza monetaria afectó al 27.6 % de la población peruana —9 millones 395 mil personas—, y la pobreza extrema al 5.5 %, según el informe técnico del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI, 2025). Estas cifras revelan una recuperación incompleta: la tasa de pobreza sigue siendo 7.4 puntos porcentuales mayor que la de 2019, y el Perú es uno de los pocos países de América Latina que aún no recuperó sus niveles prepandémicos. Sin embargo, hay otro dato que resulta más difícil de procesar: entre quienes enfrentan las condiciones materiales más adversas —los sectores D/E, los ámbitos rurales, quienes tienen educación básica—, la percepción de la desigualdad cae de manera pronunciada. Es decir, las personas que más la padecen son quienes menos la ven y cuando se les pregunta si les parece aceptable, son también quienes más la toleran.

Esta inversión no es un error de medición ni una peculiaridad peruana, es una paradoja documentada con mecanismos identificables y consecuencias políticas concretas. Quien no percibe la desigualdad como problema colectivo, difícilmente la convierte en demanda redistributiva y quien la tolera como condición aceptable tiene menos incentivos para exigir que cambie. En el Perú de 2026, esta pregunta adquiere urgencia renovada. El 12 de abril se celebró la primera vuelta de las elecciones generales —con una segunda vuelta presidencial programada para el 7 de junio y elecciones regionales y municipales a finales de año— y la desigualdad y la pobreza estuvieron prácticamente ausentes de los debates entre candidatos y de la agenda mediática. Este artículo no analiza ese ciclo electoral, pero los datos que presenta —recogidos en 2024— ofrecen un retrato de las percepciones ciudadanas en la antesala de ese proceso. El hecho que los partidos políticos llegaran al ciclo electoral sin una propuesta articulada frente a los casi 9.4 millones de peruanos en situación de pobreza no es solo un vacío programático, sino una señal de que la paradoja perceptiva, que este artículo documenta, tiene consecuencias reales en la política: lo que no se percibe como problema colectivo tampoco se convierte en exigencia electoral.

Este artículo analiza esa paradoja a partir de las dos ediciones disponibles de la Encuesta Nacional de Percepción de Desigualdades (ENADES), producidas por el Instituto de Estudios Peruanos y OXFAM Perú en 2022 y 2024. Se trata de la primera investigación que compara sistemáticamente ambas ediciones, identificando qué cambió, qué persiste y qué emergió como nuevo en la manera en que los peruanos y las peruanas se relacionan con la desigualdad entre sí mismos. El punto de partida es un ensayo previo sobre la base de la ENADES 2022 (autor/a, 2023), que documentó la paradoja con datos de la primera edición. Este artículo amplía ese análisis en tres direcciones; en concreto, incorpora los datos de 2024, introduce la dimensión intergeneracional del origen social como variable explicativa —disponible por primera vez en la ENADES 2024— y actualiza el marco teórico con bibliografía reciente sobre percepción de desigualdad, justificación del sistema y ancho de banda cognitivo.

Los hallazgos muestran que la paradoja perceptiva no solo persiste, sino que se ha profundizado en algunos de sus rasgos más significativos. La percepción de mucha desigualdad bajó levemente a nivel agregado —de 56.4 % en 2022 a 51.9 % en 2024—, pero la brecha entre extremos socioeconómicos se mantiene intacta. Además, aparecen novedades que no existían dos años atrás, entre ellas la clase media peruana (NSE C) se convierte por primera vez en predictor significativo de mayor percepción de desigualdad; «conocer a la gente adecuada» emerge como segunda causa percibida del éxito económico; y la ideología de derecha se vuelve un predictor significativo de mayor tolerancia en el año en que el debate electoral se intensifica.

El artículo se organiza del siguiente modo. La sección 2 presenta el marco teórico, articulado en torno a tres ejes: la percepción de desigualdad como fenómeno social mediado, el ancho de banda cognitivo como mecanismo que limita esa percepción entre los más vulnerables, y la teoría de justificación del sistema como explicación de la tolerancia. En la sección 3 se describe las fuentes de datos y la estrategia metodológica. La sección 4 presenta los resultados en cuatro subsecciones tales como percepción, causas, tolerancia y origen social. La sección 5 discute esos resultados a la luz de la literatura. La sección 6 cierra con conclusiones e implicancias de política pública.

 

2. Marco teórico

América Latina es, desde hace décadas, la región más desigual del mundo. Eso no es una sorpresa. Lo que sí sorprende es la brecha entre lo que los datos objetivos muestran y lo que la ciudadanía percibe. La CEPAL (2024) advierte que, pese a una leve mejora en los indicadores de distribución del ingreso durante la recuperación pospandemia, la región continúa registrando coeficientes de Gini muy por encima del promedio global, con el Perú entre los países de desigualdad moderada-alta. El Banco Mundial (2023) añade que esa recuperación fue desigual en sí misma, ya que benefició más a los estratos medios y altos que a los más vulnerables. Sin embargo, cuando se pregunta a la ciudadanía cuánta desigualdad percibe, los resultados no siguen la misma lógica que los datos. Son los sectores más privilegiados —quienes menos la padecen— los que más la reportan. ¿Cómo se explica ese fenómeno? Tres cuerpos de literatura ofrecen respuestas complementarias, y son los que sustentan el análisis de este artículo.

2.1 La percepción de la desigualdad como fenómeno social mediado

El primer supuesto que conviene abandonar es que la percepción de la desigualdad refleja directamente la experiencia de vivir en ella. La evidencia comparada muestra que no funciona así. Mijs (2021) demostró, en un análisis de datos longitudinales de múltiples países, que la percepción de la desigualdad está mediada por la exposición social, las personas que viven en entornos más segregados —donde los distintos grupos socioeconómicos rara vez se encuentran— tienden a subestimar las brechas existentes, precisamente porque no las ven en su vida cotidiana. La desigualdad no percibida no es la que duele menos, es la que permanece invisible desde donde se mira.

Este hallazgo tiene una implicancia directa para el contexto latinoamericano. Reyes y Gasparini (2022) encontraron que, en la región, la percepción de desigualdad no sigue de manera lineal los niveles objetivos de inequidad, factores como la segregación residencial, el acceso diferenciado a medios de comunicación y la exposición a la diversidad social median de manera determinante esa percepción. Hauser y Norton (2017) añaden que las creencias personales sobre la estructura social —si se piensa que la jerarquía es natural o que el esfuerzo determina la posición— también moldean cuánta desigualdad se está dispuesto a ver. La percepción, en suma, no es un espejo de la realidad, es una construcción social que depende del lugar desde dónde se enuncia, con qué información y con qué marcos interpretativos se mira esa realidad.

Para el Perú, esta perspectiva abre una pregunta central: ¿qué condiciones estructurales —nivel socioeconómico, ámbito geográfico, nivel educativo— determinan la capacidad de percibir la desigualdad? ¿Y cómo han cambiado esas condiciones entre 2022 y 2024, en un contexto marcado por la recuperación pospandémica y la aproximación de un nuevo ciclo electoral?

2.2 El ancho de banda cognitivo entendido como la escasez que no deja ver

Una de las explicaciones más poderosas para entender por qué quienes más padecen la desigualdad son también quienes menos la perciben proviene de la economía del comportamiento. La hipótesis del ancho de banda cognitivo propone que los recursos mentales de las personas —atención, memoria de trabajo, capacidad de planificación— son limitados, y que la escasez material los consume de manera sistemática. Schilbach et al. (2016) fueron los primeros en articular, de forma rigurosa, el argumento de que quienes viven bajo condiciones de pobreza deben dedicar una parte desproporcionada de su energía cognitiva a resolver necesidades inmediatas, lo que reduce su capacidad de procesar información compleja, planificar a largo plazo o reflexionar sobre fenómenos estructurales como la desigualdad.

Esta línea de investigación ha ganado respaldo experimental acumulado en los últimos años. Kaur et al. (2025) confirmaron, mediante experimentos de campo en contextos de escasez real, que la presión cognitiva de la pobreza reduce la capacidad de tomar decisiones complejas de manera sistemática —no por falta de inteligencia, sino por saturación del sistema de atención—. Lichand y Mani (2020) encontraron evidencia similar en Brasil: los agricultores con mayor estrés financiero antes de la cosecha mostraban un rendimiento cognitivo significativamente inferior al que tenían después de recibir ingresos. El ancho de banda se amplía cuando la escasez cede. Un metaanálisis reciente (de Almeida et al., 2024), que sistematizó décadas de estudios sobre escasez y cognición, concluyó que el mecanismo es robusto y se replica en contextos culturales muy distintos. En ese sentido, la pobreza no degrada las capacidades intelectuales de las personas, pero sí reduce temporalmente los recursos cognitivos disponibles para tareas que no son urgentes. Y la desigualdad estructural, vista como fenómeno colectivo, difícilmente entra en la categoría de lo urgente cuando falta el pan de mañana.

Lo que esta literatura establece, en definitiva, es que la menor percepción de desigualdad entre los sectores más vulnerables no refleja conformidad ni desinterés, refleja el costo de sobrevivir, el cual tiene consecuencias políticas: si quienes más padecen la desigualdad son también quienes menos la reconocen como problema colectivo, la demanda ciudadana por políticas redistributivas queda debilitada en la base social donde más se necesitaría.

2.3 Justificación del sistema y creencias meritocráticas: cuando el orden parece justo

El tercer eje teórico aborda la dimensión ideológica de la paradoja. ¿Por qué las personas toleran la desigualdad, incluso cuando la reconocen como un problema? La teoría de justificación del sistema, desarrollada por Jost (2020) a lo largo de décadas de investigación experimental, propone que los seres humanos tienen una motivación psicológica activa para percibir el orden social en el que viven como legítimo, justo y necesario —aun cuando ese orden los perjudique—. Esta motivación cumple funciones psicológicas precisas, entre ellas reduce la incertidumbre, proporciona coherencia y permite sostener una imagen positiva del entorno en el que se ha crecido y en el que se vive.

Goya-Tocchetto et al. (2024), en un conjunto de ocho estudios experimentales con muestras representativas, demostraron que quienes tienen mayor motivación para justificar el sistema socioeconómico perciben consistentemente las brechas de ingreso como menores de lo que son. No se trata de ignorancia ni de falta de información, sino de un proceso motivacional que ajusta la percepción para hacerla compatible con la creencia de que el sistema es justo. Valdes et al. (2025), en un análisis comparado de 42 países, encontraron que esta dinámica se intensifica en países con niveles medios de movilidad social como el perfil del Perú, donde la percepción de progreso individual convive con la persistencia de desigualdades estructurales.

Una expresión particularmente relevante de la justificación del sistema en el contexto latinoamericano es la creencia meritocrática. Castillo et al. (2025) proponen distinguir entre meritocracia normativa —el ideal de que el esfuerzo debería determinar los resultados— y meritocracia descriptiva —la percepción de que efectivamente lo hace en la práctica—. En sociedades muy desiguales, ambas creencias pueden coexistir en tensión; es decir, se valora el mérito como principio al mismo tiempo que se reconoce, en abstracto, que las barreras estructurales existen. Batruch et al. (2023) añaden que la narrativa meritocrática es especialmente intensa entre quienes experimentaron movilidad social ascendente. Si el sistema permitió progresar, tiene sentido percibir ese sistema como justo. Vargas-Salfate et al. (2018), en el contexto chileno, mostró que la identificación con la derecha política modera esa relación, reduciendo la sensibilidad a la desigualdad objetiva entre quienes creen que el esfuerzo individual es la variable determinante del éxito.

Estos tres cuerpos de literatura —la percepción mediada socialmente, el ancho de banda cognitivo y la justificación del sistema— no son excluyentes, son complementarios. Cada uno ilumina una dimensión distinta de la misma paradoja: ¿cómo es posible que, en una sociedad con niveles objetivos de desigualdad persistentes, los sectores más afectados sean también los que menos la perciben, menos la cuestionan y más la toleran? Las páginas que siguen ponen esa paradoja a prueba con datos del Perú en 2022 y 2024.

 

3. Datos y metodología

3.1 Fuentes de datos

Este artículo analiza las dos ediciones disponibles de la Encuesta Nacional de Percepción de Desigualdades (ENADES), producidas por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y OXFAM Perú. Ambas encuestas fueron diseñadas con el mismo objetivo central, orientado a capturar no solo la magnitud de la desigualdad económica en el país, sino las percepciones, actitudes y disposiciones de la ciudadanía frente a ella. Su carácter de encuestas transversales comparables
—aplicada con el mismo diseño en 2022 y 2024— permite hacer algo que pocas fuentes de datos en el Perú posibilitan: comparar cómo se distribuyeron esas percepciones en dos momentos distintos, en el mismo contexto nacional y con instrumentos equivalentes.

La ENADES 2022 se aplicó entre el 13 de mayo y el 3 de junio de 2022, mediante encuesta telefónica a celulares bajo la modalidad CATI (entrevista telefónica asistida por computadora, por sus siglas en inglés) a una muestra de 1,530 personas en 24 departamentos, 159 provincias y 453 distritos del país, con un nivel de confianza del 95 % y un error máximo estimado de ±2.5 puntos porcentuales (IEP y OXFAM Perú, 2022). La ENADES 2024 replicó ese diseño entre el 19 de abril y el 26 de mayo de 2024, con una muestra de 1,508 personas distribuidas en 24 departamentos, 171 provincias y 519 distritos —una cobertura distrital aún más amplia que la edición anterior (IEP y OXFAM Perú, 2024)—. El error máximo estimado se mantiene en ±2.5 puntos porcentuales al 95 % de confianza. En ambas encuestas, el marco muestral se construyó a partir de los números de telefonía celular registrados en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, lo que garantiza cobertura nacional en zonas urbanas y rurales.

Un aspecto técnico relevante para la comparabilidad es la ponderación. Ambas bases de datos incluyen factores de expansión —la variable pondera en la ENADES 2022 y en la ENADES 2024— que ajustan los resultados por características sociodemográficas de la población de referencia y corrigen eventuales sesgos de cobertura. Todos los análisis de este artículo aplican esos factores de ponderación.

Vale señalar una diferencia estructural entre ambas ediciones que no debe pasar inadvertida. La ENADES 2024 incorpora dos elementos nuevos que amplían la capacidad analítica de la encuesta respecto al 2022. Primero, la variable de origen social, construida a partir del nivel educativo de los progenitores del encuestado, lo que se traduce en que, si alguno de ellos alcanzó educación superior, la persona es clasificada como de origen privilegiado; en caso contrario, como de origen no privilegiado. Segundo, la opción «conocer a la gente adecuada» fue añadida como respuesta posible a la pregunta sobre los factores que determinan el éxito económico. Esta incorporación introduce una limitación de comparabilidad que conviene reconocer: al ampliar el campo de respuestas disponibles, no es posible descartar que parte de los encuestados que en 2022 habrían elegido otras opciones, se hayan desplazado hacia esta nueva alternativa. Teniendo eso presente, el hallazgo abre preguntas de investigación que este artículo aprovecha en la cuarta capa del análisis.

3.2 Estrategia metodológica

El análisis se organiza en tres capas complementarias que avanzan de la descripción comparativa hacia la explicación estadística y, finalmente, hacia una exploración intergeneracional disponible solo en 2024.

La primera capa corresponde al análisis comparativo entre ambos períodos. Para cada una de las tres dimensiones sustantivas —percepción de desigualdad, causas percibidas y tolerancia— se construyeron tablas de frecuencias ponderadas y se aplicaron pruebas de chi-cuadrado con ajuste de Rao-Scott, que incorporan el diseño muestral complejo para evitar la subestimación de los errores estándar que ocurre cuando se aplican pruebas convencionales a datos con ponderación. El corazón visual de esta capa son los mapas perceptuales, obtenidos mediante Análisis de Correspondencias Múltiple (ACM). Esta técnica permite representar en un plano bidimensional las relaciones de asociación entre múltiples variables categóricas simultáneamente, algo que las tablas de contingencia tradicionales no logran cuando el número de variables cruzadas supera dos o tres. En términos prácticos, el mapa perceptual muestra qué perfiles sociodemográficos tienden a aparecer cerca de qué actitudes frente a la desigualdad; la proximidad en el gráfico equivale a asociación en los datos. Se construyeron seis mapas en total
—tres dimensiones por dos años— utilizando el paquete FactoMineR del lenguaje estadístico R, con pesos muestrales incorporados en el cálculo. Los dos primeros ejes factoriales explican entre el 23 % y el 25 % de la inercia total en los distintos mapas, valores moderados pero habituales en ACM con variables sociodemográficas, que tienden a producir asociaciones difusas por la heterogeneidad inherente de los datos de encuesta. La interpretación se basa en la posición relativa de las categorías en el plano, no en los porcentajes de varianza de manera aislada.

La segunda capa introduce modelos de regresión logística ordenada para identificar los predictores estadísticamente significativos de la percepción y la tolerancia a la desigualdad. A diferencia del ACM, que describe patrones de asociación, la regresión permite estimar el tamaño y la dirección del efecto de cada variable independiente —nivel socioeconómico, ámbito geográfico, nivel educativo, ideología política, percepción de la brecha entre ricos y pobres— controlando por las demás. Se estimaron cuatro modelos en total —percepción y tolerancia para cada año— mediante la función svyolr() del paquete survey de R, que incorpora los factores de expansión como pesos de diseño muestral en la estimación de los coeficientes y, crucialmente, en el cálculo de los errores estándar. Esta decisión metodológica es relevante porque los pesos de frecuencia convencionales tienden a subestimar los errores estándar en datos de encuesta, lo que puede producir significancias espurias.

Las variables dependientes son la percepción de desigualdad económica (escala ordenada: nada, poco, algo, mucho) y la tolerancia a la desigualdad (escala 1-10, agrupada en tres categorías ordenadas: inaceptable, neutro, aceptable). Las variables independientes incluyen nivel socioeconómico (A/B, C, D/E), ámbito geográfico (Lima Metropolitana, urbano, rural), nivel educativo (básica, superior), ideología política (izquierda, centro, derecha) y, en los modelos de tolerancia, percepción de la brecha entre ricos y pobres (aumentó, se mantiene, disminuyó). Las categorías de referencia son NSE D/E, ámbito rural, educación básica, centro ideológico y brecha se mantiene. Los resultados se expresan como odds ratios (OR) con intervalos de confianza al 95 % y p-valores. Se reportan también los resultados significativos al 90 % de confianza (p<0.10), señalados con el símbolo †, siguiendo la recomendación de transparencia estadística para encuestas con muestras de este tamaño.

El supuesto central de la regresión logística ordenada es el de odds proporcionales, según el cual el efecto de cada predictor es constante a lo largo de los puntos de corte de la variable dependiente. Se verificó este supuesto mediante el test de Brant aplicado a modelos equivalentes sin ponderación. Los resultados indican que el supuesto se viola a nivel global en los cuatro modelos (p<0.05), con violaciones parciales concentradas en las variables de ámbito geográfico (modelos de percepción) e ideología política y percepción de brecha (modelos de tolerancia). Dado que las violaciones son parciales y no afectan a los predictores centrales del análisis —SE y nivel educativo—, y que los patrones estimados son consistentes con los observados en el ACM y en las tablas descriptivas, se optó por mantener la regresión logística ordenada como marco analítico principal. Esta decisión es consistente con la práctica habitual en la literatura empírica sobre percepción de desigualdad, donde la violación parcial del supuesto se reporta y discute sin que invalide los hallazgos.

Como medidas de bondad de ajuste se reportan el pseudo-R² de McFadden y el Criterio de Información de Akaike (AIC). Los valores de pseudo-R² oscilan entre 2.1 % y 4.4 %, lo cual es esperable en modelos con variables dependientes actitudinales y datos de encuesta, donde la función del modelo no es predecir respuestas individuales, sino identificar la dirección, magnitud y significancia de los predictores. Para evaluar la asociación entre variables independientes se calculó la V de Cramér entre todos los pares de predictores; el valor más alto fue 0.46 (entre NSE y nivel educativo), por debajo del umbral convencional de 0.50 que indicaría multicolinealidad preocupante. Las matrices completas se presentan en el Anexo.

La tercera capa, disponible únicamente para 2024, explora la relación entre el origen social intergeneracional y la percepción de la desigualdad. Partiendo de la variable de origen social, incorporada en la ENADES 2024, se comparan las distribuciones de percepción y movilidad social percibida entre personas de origen privilegiado y no privilegiado, con una desagregación adicional por nivel educativo alcanzado.

Todos los análisis fueron realizados en R (versión 4.4.1), utilizando los paquetes haven para la lectura de archivos .dta, survey para el diseño muestral complejo y la regresión ordenada, FactoMineR y factoextra para el ACM, MASS, además de brant para el diagnóstico de odds proporcionales, y ggplot2 para la visualización. Los scripts de análisis están disponibles para replicación.

 

4. Resultados

4.1 Percepción de la desigualdad económica se revela como una paradoja que persiste y se profundiza

Entre 2022 y 2024, la proporción de peruanos que percibe «mucha» desigualdad económica en el país disminuyó de 56.4 % a 51.9 %. Aunque esta diferencia de 4.5 puntos porcentuales sugiere una tendencia descendente, la prueba de chi-cuadrado ajustada por diseño muestral no la confirma como estadísticamente significativa (F=1.92, p=0.124). Lo que sí resulta significativo y más revelador, son quienes perciben más o menos desigualdad, porque cuando se analiza la distribución por características sociodemográficas, el panorama es considerablemente más complejo.

El análisis de correspondencias múltiples aplicado a la ENADES 2022 revela que el eje horizontal —que explica el 15.1 % de la varianza total— separa con claridad dos mundos. Hacia la izquierda del mapa perceptual se agrupan NSE A/B, educación superior y Lima Metropolitana, todos asociados a una percepción de «mucha» desigualdad. Hacia la derecha, NSE D/E, educación básica y ámbito rural se asocian a percepciones de «poca» o «nada» desigualdad (véase Gráfico 1). En otras palabras, quienes viven en mejores condiciones son los que más perciben la desigualdad, mientras que quienes la padecen con mayor intensidad tienden a percibirla menos.

 

Gráfico 1

Mapa perceptual: Percepción de la desigualdad-ENADES 2022

Gráfico de dispersión que muestra la percepción de desigualdad en ENADES 2022 con diferentes categorías y su contribución en dos dimensiones principales.

Descripción generada con IA

Nota. Análisis de correspondencias múltiple. Variables: percepción de desigualdad (mucho, algo, poco, nada), NSE (A/B, C, D/E), ámbito (Lima Met., urbano, rural) y nivel educativo (básico, superior). Elaboración propia sobre la base de ENADES 2022 (IEP y OXFAM Perú, 2022).

 

En efecto, el mapa perceptual correspondiente a la ENADES 2024 muestra que el primer eje factorial explica ahora el 16.3 % de la varianza —mayor que en 2022— y que el NSE A/B se desplazó hacia el extremo derecho del mapa, alejándose aún más del polo asociado a los sectores vulnerables (véase Gráfico 2). La brecha perceptiva entre quienes tienen más y quienes tienen menos no solo persiste, se amplía en el espacio factorial.

 

Gráfico 2

Mapa perceptual: Percepción de la desigualdad-ENADES 2024

Gráfico de dispersión que muestra la percepción de desigualdad en ENADES 2024 con dos dimensiones y etiquetas relacionadas con condiciones sociales y económicas.

Descripción generada con IA

Nota. Análisis de correspondencias múltiple. Variables: percepción de desigualdad (mucho, algo, poco, nada), NSE (A/B, C, D/E), ámbito (Lima Met., urbano, rural) y nivel educativo (básico, superior). Elaboración propia sobre la base de ENADES 2024 (IEP y OXFAM Perú, 2024).

 

Los modelos de regresión logística ordenada, estimados con diseño muestral complejo, permiten cuantificar esta brecha con mayor precisión. En 2022, pertenecer al NSE A/B aumentaba en 88 % la probabilidad de percibir mayor desigualdad frente al NSE D/E (OR=1.88, IC95%=[1.31, 2.68], p<0.001). En 2024, este efecto se mantiene en magnitud similar (OR=1.93, IC95%=[1.35, 2.77], p<0.001). Del mismo modo, haber alcanzado educación superior predice consistentemente una mayor percepción de desigualdad en ambos años (OR=1.80 en 2022, p<0.001; OR=1.98 en 2024, p<0.001). Estos patrones son consistentes con lo planteado por Schilbach et al. (2016) sobre el papel del acceso a información y capital cultural en la capacidad de reconocer inequidades estructurales, aunque los datos no permiten confirmar ese mecanismo de manera directa.

Un hallazgo nuevo y relevante en 2024 es que el NSE C aparece como predictor significativo de mayor percepción de desigualdad (OR=1.63, IC95%=[1.24, 2.14], p<0.001), a diferencia de lo observado en 2022 (OR=1.16, p=0.345). Una lectura posible, consistente con la literatura sobre ancho de banda cognitivo, es que los sectores medios —que en la última década ganaron acceso a educación superior, conectividad y mercados de consumo— hayan ampliado su capacidad de procesar fenómenos estructurales como la desigualdad. Los datos son compatibles con esa interpretación, aunque no permiten confirmarla.

Respecto a la ideología política, en 2022 la identificación con la izquierda mostraba una asociación negativa con la percepción de desigualdad que no alcanzaba significancia convencional (OR=0.75, p=0.051, †), mientras que en 2024 esa asociación se fortalece y alcanza significancia plena (OR=0.58, p<0.001). La identificación con la derecha, por su parte, se asocia a menor percepción de desigualdad en ambos años (OR=0.69, p=0.004 en 2022; OR=0.75, p=0.028 en 2024). Estos resultados sugieren que la percepción de la desigualdad no es independiente de la posición ideológica, y que esa relación se intensificó entre ambos períodos, aunque, al tratarse de muestras transversales independientes, no es posible atribuir ese cambio a una transformación de las mismas personas.

Los resultados completos de los modelos de percepción, incluyendo odds ratios, intervalos de confianza, p-valores, umbrales y estadísticos de ajuste, se presentan en el Cuadro 1.

 

Cuadro 1

Predictores de percepción de desigualdad económica-ENADES 2022 y 2024

Variable

ENADES 2022

ENADES 2024

OR

IC inf

IC sup

p

OR

IC inf

IC sup

p

NSE A/B vs. D/E

1.878

1.314

2.684

0.001 ***

1.931

1.346

2.770

<0.001 ***

NSE C vs. D/E

1.160

0.853

1.577

0.345 

1.629

1.238

2.143

0.001 ***

Lima Met. vs. Rural

1.009

0.674

1.512

0.965 

1.082

0.752

1.555

0.672 

Urbano vs. Rural

1.165

0.837

1.620

0.366 

1.091

0.797

1.493

0.587 

Ed. superior vs. básica

1.804

1.416

2.298

<0.001 ***

1.982

1.557

2.523

<0.001 ***

Izquierda vs. Centro

0.746

0.556

1.001

0.051 †

0.579

0.436

0.768

<0.001 ***

Derecha vs. Centro

0.686

0.532

0.883

0.004 ***

0.749

0.579

0.969

0.028 *

N

1,372

1,317

Pseudo-R² McFadden

0.028

0.044

AIC

2,908.6

2,955.0

Nota. Regresión logística ordenada con diseño muestral complejo (svyolr). Variable dependiente: percepción de desigualdad (nada < poco < algo < mucho). Categorías de referencia: NSE D/E, ámbito rural, educación básica, centro ideológico. OR = odds ratio; IC = intervalo de confianza al 95 %. *** p<0.001; ** p<0.01; * p<0.05; † p<0.10. Elaboración propia sobre la base de ENADES 2022 y 2024 (IEP y OXFAM Perú, 2022, 2024).

 

Gráfico 3

Predictores de percepción de desigualdad económica-ENADES 2022 y 2024

Gráfico de barras con puntos que compara razones de probabilidades para diferentes categorías sociales y políticas entre ENADES 2022 y ENADES 2024.

Descripción generada con IA

Nota. Odds ratios (OR) con intervalos de confianza al 95 %, obtenidos de modelos de regresión logística ordenada con diseño muestral complejo (svyolr). Variable dependiente: percepción de desigualdad (nada < poco < algo < mucho). Categorías de referencia: NSE D/E, ámbito rural, educación básica, centro ideológico. OR > 1 indica mayor probabilidad de percibir desigualdad. *** p<0.001; ** p<0.01; * p<0.05; † p<0.10. Elaboración propia sobre la base de ENADES 2022 y 2024 (IEP y OXFAM Perú, 2022, 2024).

 

4.2 Las causas percibidas de la desigualdad: del capital económico al capital social

¿Qué es lo que da ventaja para progresar en el Perú? La respuesta mayoritaria en 2022 era clara: tener buena educación, mencionada por el 74 % de los encuestados como la característica que más favorece una mejor posición económica, seguida de lejos por provenir de una familia rica (9.5 %), hablar bien el castellano (6.9 %), ser hombre (2 %) y ser blanco (1.4 %). En 2024, esta jerarquía experimenta una transformación significativa que merece atención.

La ENADES 2024 introdujo una nueva opción en esta pregunta: «conocer a la gente adecuada». Esta opción obtuvo el 18.8 % de las menciones, convirtiéndose en la segunda más señalada, por encima de «provenir de una familia rica» (6.3 %) y «hablar bien el castellano» (3.8 %). La educación sigue siendo la ventaja más valorada (69.5 %), aunque con una caída de más de cuatro puntos porcentuales respecto del 2022. Cabe advertir, sin embargo, que parte de ese desplazamiento podría reflejar el efecto de la nueva opción sobre el campo de respuestas; es decir, que los encuestados que en 2022 habrían marcado «buena educación» u otras alternativas hayan migrado hacia «conocer a la gente adecuada» simplemente porque la opción estaba disponible. El hallazgo es sugerente, pero debe leerse con esa limitación en mente.

El análisis de correspondencias múltiple confirma y enriquece este hallazgo. En el mapa perceptual de 2022, «buena educación» aparece como un valor centralizado y compartido, sin asociación clara con ningún grupo socioeconómico en particular (véase Gráfico 4). «Hablar bien el castellano» y «ser hombre» se ubican hacia la derecha, asociados a NSE D/E y ámbito rural, mientras que «provenir de una familia rica» se agrupa con NSE A/B y Lima Metropolitana.

 

Gráfico 4

Mapa perceptual: Causas percibidas de la desigualdad-ENADES 2022

Gráfico de análisis de dimensiones que muestra la relación entre variables como NSE, educación, idioma y ubicación rural o urbana con una escala de contribución en colores morados.

Descripción generada con IA

Nota. Análisis de correspondencias múltiples. Variables: característica percibida como ventaja económica, NSE (A/B, C, D/E), ámbito (Lima Met., urbano, rural) y nivel educativo (básico, superior). Elaboración propia sobre la base de ENADES 2022 (IEP y OXFAM Perú, 2022).

 

En el mapa de 2024, la opción «conocer gente adecuada» se ubica en el cuadrante asociado a NSE C, Lima Metropolitana y «provenir de una familia rica» (véase Gráfico 5). Esto indica que la percepción del capital social como mecanismo de ventaja es predominantemente urbana y de clase media, no de los sectores más vulnerables. Para estos últimos —NSE D/E, ámbito rural, educación básica—, «hablar bien el castellano» sigue siendo una ventaja percibida con mayor frecuencia relativa que en otros grupos, lo que refleja las barreras lingüísticas y culturales que aún estructuran el acceso a oportunidades en el Perú.

 

Gráfico 5

Mapa perceptual: Causas percibidas de la desigualdad-ENADES 2024

Gráfico de dispersión con etiquetas que relacionan dimensiones y contribuciones sobre temas sociales y educativos en diferentes contextos.

Descripción generada con IA

Nota. Análisis de correspondencias múltiple. Variables: característica percibida como ventaja económica, NSE (A/B, C, D/E), ámbito (Lima Met., urbano, rural) y nivel educativo (básico, superior). Elaboración propia sobre la base de ENADES 2024 (IEP y OXFAM Perú, 2024).

 

Resulta llamativo, además, que «ser hombre» migró en 2024 hacia el cuadrante asociado a contextos rurales y vulnerables. Esto sugiere que la percepción de la ventaja de género está más presente en quienes habitan territorios donde las brechas entre hombres y mujeres son históricamente más pronunciadas, lo que abre una agenda de investigación sobre la intersección entre género, territorio y percepción de la desigualdad que excede los límites de este artículo, pero que merece atención en futuras investigaciones.

4.3 Tolerancia a la desigualdad: el rechazo crece, pero la paradoja se mantiene

En 2022, el 41.5 % de los peruanos consideraba inaceptable la desigualdad. En 2024, esa proporción creció a 45.3 % y expresa un aumento que la prueba de chi-cuadrado, ajustada por diseño muestral, confirma como estadísticamente significativo (F=3.55, p=0.029). Este es un dato que merece atención: mientras la percepción agregada de desigualdad no registra un cambio significativo entre ambos períodos, el rechazo a la desigualdad sí lo hace. Más peruanos la consideran inaceptable en comparación a hace dos años.

Sin embargo, ¿quiénes son esos peruanos? Al desagregar por características, emerge nuevamente la paradoja. El mapa perceptual de 2022 muestra que «inaceptable» se agrupa en el cuadrante asociado a NSE A/B, educación superior, ideología de izquierda y la percepción de que la brecha entre ricos y pobres ha aumentado (véase Gráfico 6). NSE D/E, educación básica y la percepción de que la brecha disminuyó o se mantiene, en cambio, se asocian a «aceptable» o «neutro». En 2024, esta estructura se reproduce con notable estabilidad, aunque con matices importantes (véase Gráfico 7).

 

Gráfico 6

Mapa perceptual: Tolerancia a la desigualdad-ENADES 2022

Gráfico de dispersión con dos dimensiones que muestra la relación entre diferentes categorías sociales y educativas con etiquetas en español y una escala de contribución en tonos de azul.

Descripción generada con IA

Nota. Análisis de correspondencias múltiple. Variables: tolerancia a la desigualdad (inaceptable, neutro, aceptable), NSE (A/B, C, D/E), nivel educativo (básico, superior), ideología política (izquierda, centro, derecha) y percepción de la brecha entre ricos y pobres. Elaboración propia sobre la base de ENADES 2022 (IEP y OXFAM Perú, 2022).

 

Gráfico 7

Mapa perceptual: Tolerancia a la desigualdad-ENADES 2024

Nota. Análisis de correspondencias múltiple. Variables: tolerancia a la desigualdad (inaceptable, neutro, aceptable), NSE (A/B, C, D/E), nivel educativo (básico, superior), ideología política (izquierda, centro, derecha) y percepción de la brecha entre ricos y pobres. Elaboración propia sobre la base de ENADES 2024 (IEP y OXFAM Perú, 2024).

 

Los modelos de regresión logística ordenada, estimados con diseño muestral complejo, confirman que la paradoja persiste y en algunos casos se intensifica. En 2022, pertenecer al NSE A/B se asociaba a menor tolerancia a la desigualdad frente al NSE D/E, aunque con significancia marginal (OR=0.72, IC95%=[0.52, 1.00], p=0.053, †). En 2024, esa asociación se fortalece y alcanza significancia plena (OR=0.61, IC95%=[0.42, 0.88], p=0.008). Los sectores más privilegiados son, paradójicamente, quienes más rechazan la desigualdad y ese rechazo se consolidó entre ambos períodos.

La educación superior muestra un patrón similar: en 2022, su asociación con menor tolerancia era marginal (OR=0.80, p=0.063, †), mientras que en 2024 alcanzó significancia convencional (OR=0.79, IC95%=[0.62, 0.99], p=0.041). Este hallazgo refuerza la lectura de que el acceso a mayor capital educativo no solo amplía la percepción de la desigualdad —como muestran los modelos de percepción— sino que también se asocia a un mayor rechazo de esta.

Dos hallazgos en 2024 merecen particular atención. Primero, Lima Metropolitana muestra una asociación con menor tolerancia que, si bien no alcanza significancia convencional (OR=0.71, IC95%=[0.50, 1.01], p=0.060, †), merece ser señalada. Este resultado adquiere relevancia cuando se considera el contexto estructural. Según el informe técnico del INEI (2025), la pobreza monetaria en el Perú mostró en 2024 un «rostro más urbano», con más del 70 % de la población pobre viviendo en zonas urbanas y Lima Metropolitana concentrando más del 30 % de los pobres del país. La expansión de la pobreza urbana y la asociación —aunque marginal— entre Lima y menor tolerancia no son fenómenos necesariamente desconectados, aunque los datos no permiten establecer un vínculo causal entre ambos.

Segundo, la ideología de derecha aparece como predictor significativo de mayor tolerancia en 2024 (OR=1.32, IC95%=[1.05, 1.66], p=0.019), cuando en 2022 esa asociación no alcanzaba significancia convencional (OR=1.22, p=0.091, †). Este dato resulta especialmente sugerente en el contexto del ciclo electoral de 2026, aunque conviene precisar que los datos son de 2024 y no permiten establecer una relación directa con ese proceso. La primera vuelta presidencial del 12 de abril derivó en una segunda vuelta para el 7 de junio que enfrenta a dos candidaturas con visiones poco alineadas, y a fin de año se celebrarán elecciones regionales y municipales. Una lectura contextual posible es que la ausencia de la desigualdad en los debates presidenciales y la polarización ideológica de la tolerancia forman parte de un mismo fenómeno, pero esa interpretación va más allá de los datos que este artículo pueden respaldar directamente.

La ideología de izquierda, por su parte, se mantiene como predictor fuerte de menor tolerancia en ambos años (OR=0.60, p<0.001 en 2022; OR=0.64, p=0.001 en 2024). Quienes se identifican con la izquierda rechazan la desigualdad con mayor intensidad que el centro, un patrón consistente y estable.

Finalmente, quienes perciben que la brecha entre ricos y pobres ha disminuido son consistentemente más tolerantes a la desigualdad en ambos años (OR=1.37, p=0.036 en 2022; OR=1.39, p=0.025 en 2024), lo que es coherente con la teoría de justificación del sistema (Jost, 2020), aunque los datos no miden directamente ese mecanismo. El Gráfico 8 permite visualizar de manera comparada la dirección, magnitud y significancia estadística de todos estos predictores en ambos años. Los resultados completos de los modelos de tolerancia se presentan en el Cuadro 2.

 

Gráfico 8

Predictores de tolerancia a la desigualdad-ENADES 2022 y 2024

Gráfico de barras con intervalos de confianza que compara razones de odds para diferentes variables sociodemográficas y educativas entre ENADES 2022 y ENADES 2024.

Descripción generada con IA

Nota. Odds ratios (OR) con intervalos de confianza al 95 %, obtenidos de modelos de regresión logística ordenada con diseño muestral complejo (svyolr). Variable dependiente: tolerancia a la desigualdad (inaceptable < neutro < aceptable). Categorías de referencia: NSE D/E, ámbito rural, educación básica, centro ideológico, brecha aumentó. OR > 1 indica mayor probabilidad de tolerar la desigualdad; OR < 1 indica mayor rechazo. *** p<0.001; ** p<0.01; * p<0.05; † p<0.10. Elaboración propia sobre la base de ENADES 2022 y 2024 (IEP y OXFAM Perú, 2022, 2024).

 

Cuadro 2

Predictores de tolerancia a la desigualdad-ENADES 2022 y 2024

Variable

ENADES 2022

ENADES 2024

OR

IC inf

IC sup

p

OR

IC inf

IC sup

p

NSE A/B vs. D/E

0.723

0.520

1.004

0.053 †

0.610

0.424

0.877

0.008 **

NSE C vs. D/E

1.019

0.755

1.376

0.901 

0.865

0.669

1.117

0.266 

Lima Met. vs. Rural

0.834

0.573

1.215

0.345 

0.711

0.498

1.014

0.060 †

Urbano vs. Rural

1.009

0.735

1.386

0.955 

0.799

0.580

1.100

0.168 

Ed. superior vs. básica

0.803

0.637

1.012

0.063 †

0.785

0.622

0.991

0.041 *

Izquierda vs. Centro

0.600

0.460

0.782

<0.001 ***

0.635

0.485

0.832

0.001 ***

Derecha vs. Centro

1.224

0.969

1.545

0.091 †

1.317

1.047

1.657

0.019 *

Brecha: Se mantiene vs. Aumentó

1.278

1.010

1.618

0.041 *

1.096

0.864

1.391

0.451 

Brecha: Disminuyó vs. Aumentó

1.374

1.021

1.849

0.036 *

1.394

1.043

1.864

0.025 *

N

1,372

1,317

Pseudo-R² McFadden

0.021

0.024

AIC

2,900.5

2,767.1

Nota. Regresión logística ordenada con diseño muestral complejo (svyolr). Variable dependiente: tolerancia a la desigualdad (inaceptable < neutro < aceptable). Categorías de referencia: NSE D/E, ámbito rural, educación básica, centro ideológico, brecha aumentó. OR = odds ratio; IC = intervalo de confianza al 95%. *** p<0.001; ** p<0.01; * p<0.05; † p<0.10. Elaboración propia sobre la base de ENADES 2022 y 2024 (IEP y OXFAM Perú, 2022, 2024).

 

4.4 Origen social y percepción de la desigualdad: una mirada intergeneracional

Un aporte inédito de la ENADES 2024 es la incorporación de la variable de origen social, construida a partir del nivel educativo de los padres del encuestado. Esta variable permite distinguir entre quienes provienen de un origen privilegiado —al menos uno de sus progenitores alcanzó educación superior— y quienes tienen un origen no privilegiado. Esta distinción abre una pregunta que el ensayo original de 2022 no podía responder: ¿la paradoja perceptiva se explica solo por las condiciones actuales de las personas, o también por su trayectoria intergeneracional?

Los resultados muestran que la paradoja se replica también por origen social. El 50.3 % de las personas de origen privilegiado percibe «mucha» desigualdad, frente al 42.9 % de quienes tienen un origen no privilegiado (véase Gráfico 9). Esta diferencia de casi ocho puntos porcentuales, en la misma dirección que los hallazgos por NSE y nivel educativo, sugiere que las condiciones estructurales de partida —no solo las actuales— moldean la capacidad de percibir las inequidades del entorno.

 

Gráfico 9

Percepción de «mucha» desigualdad por origen social y nivel educativo-ENADES 2024

El gráfico compara el porcentaje de personas que perciben "Mucho" en diferentes grupos según su origen privilegiado o no y su nivel de educación superior.

Descripción generada con IA

Nota. Porcentaje de encuestados que percibe «mucha» desigualdad económica, desagregado por origen social (privilegiado/no privilegiado) y nivel educativo alcanzado. Elaboración propia sobre la base de ENADES 2024 (IEP y OXFAM Perú, 2024).

 

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando se controla por el nivel educativo alcanzado? Aquí emerge el hallazgo más fino de este análisis. Entre las personas con educación superior, quienes provienen de un origen privilegiado perciben más desigualdad (38.3 %) que quienes provienen de un origen no privilegiado (34.6 %). Dicho de otra manera, haber ascendido socialmente a través de la educación, cuando se parte de una posición desfavorable, reduce aún más la percepción de la desigualdad estructural.

Una posible explicación para este hallazgo se encuentra en la literatura sobre justificación del sistema (Goya-Tocchetto et al., 2024; Castillo et al., 2025). Una interpretación plausible es que quienes lograron superar su origen desfavorable, a través del esfuerzo y la educación, tiendan a desarrollar narrativas meritocráticas que atribuyen las diferencias socioeconómicas al mérito individual antes que a las estructuras. No obstante, establecer esa relación causalmente excede lo que estos datos permiten afirmar. Esta narrativa, lejos de ser una distorsión irracional, cumple una función psicológica, ya que permite sostener la coherencia entre el esfuerzo invertido y los resultados obtenidos. Sin embargo, al mismo tiempo, puede operar como un mecanismo que dificulta el reconocimiento de las barreras sistémicas que otros aún enfrentan.

En cuanto a la movilidad social percibida, se destaca el dato llamativo de que tanto las personas de origen privilegiado (60.2 %) como las de origen no privilegiado (60.5 %) creen estar mejor que sus padres en términos económicos, con una diferencia prácticamente nula entre ambos grupos. Este optimismo intergeneracional generalizado coexiste con una percepción de desigualdad estructural persistente, lo que puede ayudar a entender por qué la tolerancia a la desigualdad se mantiene en niveles relativamente altos, incluso entre quienes la reconocen como un problema.

 

5. Discusión

Los hallazgos de este artículo confirman, actualizan y profundizan la paradoja perceptiva identificada en el ensayo de 2022: en el Perú, quienes enfrentan las condiciones materiales más desfavorables son también quienes menos perciben la desigualdad y más la toleran. Dos años después, con la primera vuelta de las elecciones generales recién celebrada el 12 de abril de 2026 y una segunda vuelta presidencial programada para el 7 de junio, esa paradoja no solo persiste, sino que revela nuevas dimensiones con urgencia renovada. La percepción de «mucha» desigualdad pasó de 56.4 % a 51.9 % entre 2022 y 2024, aunque esa diferencia no alcanza significancia estadística cuando se incorpora el diseño muestral complejo (F=1.92, p=0.124). La brecha entre extremos socioeconómicos, en cambio, se mantuvo intacta. El 67.7% del NSE A/B percibe mucha desigualdad frente al 43.3 % del NSE D/E. ¿Qué nos dice esa combinación? Que el promedio agregado puede ser engañoso. Detrás de una cifra que sugiere menor sensibilidad a la desigualdad convive una fractura estructural que no cede.

5.1 Ancho de banda cognitivo y percepción: ¿quién puede ver la desigualdad?

Una de las explicaciones más robustas para entender por qué la población más vulnerable percibe menos desigualdad proviene de la literatura sobre el ancho de banda cognitivo. Kaur et al. (2025) y Schilbach et al. (2016) argumentan que la escasez material —económica, de tiempo, de certidumbre— consume una parte sustancial de la capacidad cognitiva disponible de las personas. Quien destina energía mental a resolver cómo llegar a fin de mes tiene menos capacidad de procesar fenómenos abstractos como la desigualdad estructural. No es que no la vivan: es que el costo de «verla» como fenómeno colectivo les resulta, en términos cognitivos, un lujo inaccesible. Esta conclusión, lejos de ser especulativa, cuenta hoy con respaldo experimental sólido: un metaanálisis reciente (de Almeida et al., 2024) confirmó que las preocupaciones asociadas a la pobreza elevan el estrés y deterioran el desempeño cognitivo en un ciclo que tiende a perpetuarse, lo que los autores denominan una «doble carga» para quienes ya tienen menos.

Este marco ayuda a interpretar uno de los hallazgos nuevos más significativos de 2024: el NSE C resultó predictor estadísticamente significativo de mayor percepción de desigualdad en 2024 (OR=1.63, p<0.001), lo que no se observaba en 2022. Una lectura posible, consistente con la literatura sobre ancho de banda cognitivo, es que la clase media peruana –que en la última década ha ganado acceso a educación superior, conectividad y mercado de consumo– haya ampliado su capacidad de procesar fenómenos estructurales como la desigualdad. Los datos son compatibles con esa interpretación, aunque no permiten confirmarla. Mijs (2021) observa que la percepción de desigualdad está mediada por la exposición a la diversidad social: quienes viven en entornos más heterogéneos, con mayor acceso a información, tienden a percibir más desigualdad. El crecimiento urbano y la expansión digital en el Perú de los últimos años podrían estar operando en esa dirección para las clases medias.

5.2 Del mérito a las redes: un cambio silencioso en la narrativa de oportunidades

Si en 2022 la explicación predominante del éxito económico era «tener una buena educación» (74%), en 2024 esa respuesta sigue siendo la más frecuente (69.5%), pero con una novedad significativa: «conocer a la gente adecuada» emerge en segundo lugar con el 18.8% de las menciones. Este resultado merece una lectura cuidadosa, ya que la opción no existía en 2022, por lo que no es posible saber con certeza si su prominencia refleja un cambio real en las percepciones o el efecto de su disponibilidad como alternativa. Aun así, que casi uno de cada cinco encuestados la haya señalado espontáneamente como la segunda ventaja más importante es un dato que merece atención.

Chetty et al. (2022) demostraron, a partir de datos masivos de redes sociales en Estados Unidos, que la exposición a redes de capital económico elevado es uno de los predictores más fuertes de movilidad intergeneracional. La CAF (2022) extendió este hallazgo a América Latina, señalando que en la región los retornos del capital social son especialmente altos en contextos de baja movilidad estructural. En el Perú de 2024, los mapas ACM muestran que «conocer a la gente adecuada» se asocia con el NSE C y Lima Metropolitana: precisamente los sectores que han ganado acceso parcial a los mercados pero que aún experimentan el peso de los techos informales que separan las oportunidades de quienes tienen redes de quienes no las tienen.

Reyes y Gasparini (2022) advierten que, en contextos de alta desigualdad post-pandémica, la percepción de las causas estructurales tiende a desplazarse desde los factores individuales hacia los relacionales e institucionales. El auge de «conocer a la gente adecuada» en 2024 podría ser una expresión de ese proceso: una resignificación progresiva de cómo se explica el éxito en una sociedad que siente que las reglas del juego no son del todo transparentes.

5.3 Tolerancia a la desigualdad: cuando la ideología entra en escena

El porcentaje de peruanos y peruanas que considera la desigualdad «inaceptable» aumentó de 41.5 % a 45.3 % entre 2022 y 2024, un cambio que la prueba ajustada por diseño muestral confirma como significativo (F=3.55, p=0.029). El NSE A/B sigue siendo el predictor más consistente de intolerancia: en 2022 esa asociación era marginal (OR=0.72, p=0.053, †), pero en 2024 se fortalece y alcanza significancia plena (OR=0.61, p=0.008). La paradoja es completa: quienes más perciben la desigualdad y más la rechazan son, al mismo tiempo, quienes menos la padecen en su vida cotidiana.

¿Cómo se explica la polarización ideológica? La teoría de justificación del sistema ofrece una respuesta. Jost (2020) sostiene que la motivación para percibir el orden social existente como legítimo y necesario se intensifica en contextos de incertidumbre política. Goya-Tocchetto et al. (2024), en un estudio experimental con muestras representativas, demostraron que quienes tienen mayor motivación para justificar el sistema perciben consistentemente las brechas de ingreso como menores. No ven menos desigualdad porque haya menos, la ven menos porque el sistema necesita ser defendido. Vargas-Salfate et al. (2018) encontraron, en un análisis comparado de 19 países, que el estatus social alto se asocia a mayor justificación del sistema a través de la satisfacción con la vida, un patrón que en el contexto latinoamericano ayuda a entender por qué la identificación con la derecha política modera la sensibilidad a la desigualdad.

Lo que esto implica para la política pública es directo. Busso et al. (2025), en un análisis comparado de preferencias redistributivas en ocho países latinoamericanos, encontraron que la percepción de injusticia no se convierte en demanda redistributiva cuando la desconfianza institucional es alta. Liaquat et al. (2023) añaden que la motivación a justificar el sistema actúa además como fuente de resistencia activa frente a las políticas de reducción de desigualdad. No basta con que la ciudadanía perciba la desigualdad como inaceptable. Si el sistema político no genera confianza, esa inconformidad difícilmente se transformará en presión redistributiva, tiende a quedarse, como señalan Busso et al. (2025), atrapada en el malestar sin traducirse en demanda política.

5.4 Origen social y narrativa meritocrática: el hallazgo más importante

El aporte metodológico más novedoso de este artículo respecto al ensayo de 2022 es la incorporación del origen social como variable de análisis. Los resultados confirman que la paradoja perceptiva no depende solo de las condiciones actuales de vida, también está moldeada por la trayectoria intergeneracional. Las personas de origen privilegiado perciben más desigualdad (50.3%) que quienes provienen de un origen no privilegiado (42.9%). La brecha de casi ocho puntos porcentuales replica el patrón observado por NSE y nivel educativo.

El hallazgo más fino emerge al controlar por nivel educativo alcanzado. Entre las personas con educación superior, quienes provienen de un origen privilegiado perciben más desigualdad (38.3%) que quienes provienen de un origen no privilegiado (34.6%). ¿Cómo se explica esto? Castillo et al. (2025) proponen distinguir entre meritocracia normativa —el ideal de que el esfuerzo debería determinar los resultados— y meritocracia descriptiva — la percepción de que efectivamente lo hace en la práctica. Lo que los datos de la ENADES 2024 sugieren es que quienes ascendieron desde un origen no privilegiado tienden a inclinar esa balanza hacia la meritocracia descriptiva: una narrativa comprensible desde sus propias trayectorias, aunque los datos no permiten confirmar ese vínculo de manera directa. Esa narrativa no es falsa ni irracional, es la historia de sus propias vidas. Pero puede operar, al mismo tiempo, como un mecanismo que reduce la sensibilidad ante las barreras que otros aún no han podido superar.

La teoría de justificación del sistema ofrece una explicación complementaria. Goya-Tocchetto et al. (2024) demostraron experimentalmente que quienes están más motivados a percibir el sistema como justo tienden a ver las brechas económicas como más pequeñas. Batruch et al. (2023) agregan que este mecanismo es especialmente intenso entre quienes provienen de posiciones de partida desfavorables y alcanzaron movilidad a través de la educación. Precisamente, el grupo que los datos de la ENADES 2024 ponen en el centro del hallazgo.

Finalmente, alrededor del 60% de las personas de origen privilegiado y no privilegiado por igual cree estar en mejor situación económica que sus padres. La percepción de movilidad ascendente es prácticamente universal en el Perú de 2024 y no distingue trayectorias de origen. Este optimismo intergeneracional generalizado convive, sin embargo, con una percepción de desigualdad estructural persistente. Si la percepción de movilidad individual actúa como amortiguador de la demanda redistributiva — y si la desconfianza institucional impide que el malestar se convierta en presión política (Busso et al., 2025) —, las intervenciones para reducir la desigualdad no pueden limitarse a mejorar las condiciones materiales. Valdes et al. (2025), en su análisis comparado de 42 países, encontraron que la justificación del sistema tiende a ser mayor en países con niveles medios de movilidad social — exactamente el perfil del Perú. Sin esa visibilidad, el optimismo individual puede seguir siendo el mejor aliado de la desigualdad colectiva.

 

6. Conclusiones e implicancias de política pública

La pregunta que abrió este artículo sigue siendo válida al cerrarlo: ¿por qué quienes más padecen la desigualdad son también quienes menos la perciben y más la toleran? Los datos de la ENADES 2022 y 2024 no disuelven esa paradoja. La confirman, la actualizan y la vuelven más compleja. Y al hacerlo, señalan con precisión creciente los mecanismos que la sostienen y los grupos en los que esos mecanismos operan con mayor intensidad.

El primer resultado que merece subrayarse es la persistencia estructural de la paradoja. Entre 2022 y 2024, la percepción de mucha desigualdad cayó levemente a nivel nacional — de 56.4 % a 51.9 % —, pero la brecha entre el NSE A/B (67.7 %) y el NSE D/E (43.3 %) se mantuvo prácticamente intacta. Lo que cambió no fue la estructura de la paradoja, sino su composición interna, en concreto la clase media peruana aparece en 2024 como actor que percibe más desigualdad, la ideología política muestra una polarización de la tolerancia más pronunciada que en 2022, y la dimensión intergeneracional del origen social se revela como una variable explicativa que el diseño de 2022 no permitía explorar.

El segundo resultado relevante es el cambio en la narrativa de las oportunidades. Que «conocer a la gente adecuada» haya concentrado el 18.8% de las menciones en 2024 –—convirtiéndose en la segunda respuesta más frecuente— es un dato sugerente, aunque su interpretación no es directa, dado que la opción no existía en 2022. No es que el mérito haya dejado de ser valorado, la educación sigue siendo la primera respuesta con 69.5%. Es que la noción de que las redes y los contactos también pesan está ganando espacio en la conciencia colectiva. Eso es un punto de partida para conversaciones públicas más honestas sobre la igualdad de oportunidades.

El tercer resultado que no puede pasarse por alto es la polarización ideológica de la tolerancia. Que la ideología de derecha figure como predictor estadísticamente significativo de mayor tolerancia a la desigualdad en 2024 indica que la desigualdad no es solo un problema técnico de distribución del ingreso es también un campo de disputa política. La coincidencia temporal con el inicio del ciclo electoral de 2026 es un elemento de contexto que merece atención, aunque establecer una relación causal entre ambos fenómenos excede lo que estos datos permiten afirmar. Los comicios presidenciales del 12 de abril de 2026 derivarán en una segunda vuelta el 7 de junio, y las elecciones regionales y municipales de fin de año mantendrán abierta la disputa. Que la pobreza y la desigualdad hayan estado prácticamente ausentes en los debates entre candidatos es una señal de alerta de que los datos de este artículo ayudan a interpretar que cuando la tolerancia a la desigualdad se polariza ideológicamente, reducir las inequidades deja de ser una agenda transversal para convertirse en una posición de partido. Eso hace más difícil —no más fácil— construir políticas redistributivas con amplio respaldo ciudadano.

El cuarto resultado —y quizás el más fino del análisis— es el que emerge del origen social. Entre las personas con educación superior, quienes provienen de un origen no privilegiado perciben menos desigualdad (34.6 %) que quienes provienen de un origen privilegiado (38.3 %). Haber ascendido socialmente a través de la educación, cuando se parte desde abajo, reduce la sensibilidad a las barreras que otros aún enfrentan. La narrativa meritocrática que sostiene ese ascenso es comprensible, pero tiene el costo colectivo de invisibilizar las condiciones estructurales que impiden que ese mismo recorrido esté al alcance de todos por igual.

¿Qué hacer con todo esto? Las implicancias de política pública apuntan en al menos tres direcciones. La primera, las políticas de reducción de la desigualdad necesitan estrategias paralelas de visibilización —comunicación, educación cívica, deliberación pública— que permitan que la desigualdad estructural sea reconocida como problema colectivo por quienes más la padecen. Sin esa percepción, la demanda redistributiva tiende a concentrarse entre quienes menos la necesitan. Un patrón que los datos de 2022 y 2024 confirman con notable consistencia. La segunda: fortalecer las políticas de capital social; si «conocer a la gente adecuada» es ya la segunda causa percibida del éxito, las intervenciones para ampliar las redes de oportunidad —mentorías, pasantías, espacios de encuentro intergeneracional— tienen respaldo empírico que antes no era tan claro. La tercera: reducir la segregación social y residencial que impide que distintos estratos se expongan a las condiciones de vida de los demás. La desigualdad que no se ve difícilmente se combate.

Este artículo tiene limitaciones que conviene señalar con honestidad. La primera y más importante es que la ENADES 2022 y 2024 son encuestas transversales independientes, no un panel que siga a los mismos individuos en el tiempo. Esto significa que las diferencias observadas entre ambos períodos reflejan cambios en la composición de las muestras, así como posibles transformaciones en las actitudes de la población. Los patrones de asociación identificados son descripciones estadísticas robustas, pero no permiten establecer relaciones causales entre las variables analizadas ni atribuir los cambios observados a trayectorias individuales. Los mecanismos teóricos invocados en la discusión —ancho de banda cognitivo, justificación del sistema, narrativa meritocrática— son interpretaciones consistentes con los datos, no procesos confirmados por ellos.

La segunda limitación se refiere a la comparabilidad del instrumento. La incorporación de la opción «conocer a la gente adecuada» en la ENADES 2024 amplió el campo de respuestas disponibles en la pregunta sobre ventajas económicas. Esto impide descartar que parte de los desplazamientos observados entre 2022 y 2024 en esa pregunta —incluyendo la caída de «buena educación» de 74 % a 69.5 %— refleje parcialmente el efecto de la nueva opción sobre las respuestas, y no exclusivamente un cambio en las percepciones. Los hallazgos sobre causas percibidas deben leerse con esa limitación en mente. Del mismo modo, el análisis de origen social, disponible solo en 2024, no puede compararse hacia atrás en el tiempo.

La tercera limitación es de orden técnico. El test de Brant indica que el supuesto de odds proporcionales se viola a nivel global en los cuatro modelos de regresión, con violaciones parciales concentradas en las variables de ámbito geográfico (modelos de percepción) e ideología política y percepción de brecha (modelos de tolerancia). Se optó por mantener la regresión logística ordenada dado que las violaciones no afectan a los predictores centrales del análisis y que los patrones estimados son consistentes con los del ACM y las tablas descriptivas, pero futuros estudios podrían explorar modelos logísticos multinomiales o modelos de odds parcialmente proporcionales como alternativa. Los pseudo-R² de McFadden oscilan entre 2.1 % y 4.4 %, valores esperables en modelos actitudinales con datos de encuesta, pero que indican que una proporción sustancial de la varianza en percepciones y tolerancia no es capturada por las variables incluidas. Asimismo, algunos resultados alcanzan significancia solo al 90% de confianza —particularmente NSE A/B y educación superior en el modelo de tolerancia 2022, y Lima Metropolitana en el de tolerancia 2024 —, lo que exige prudencia interpretativa.

Estas limitaciones señalan una agenda de investigación futura que incluye encuestas panel que permitan seguir trayectorias individuales, experimentos de información que prueben si visibilizar la desigualdad modifica las actitudes, y análisis comparados con otros países latinoamericanos. La paradoja que este artículo documenta no se resolverá con un solo estudio, pero nombrándola con precisión, se vuelve más difícil de ignorar.

 

Referencias

Banco Mundial. (2023). Nine key facts about poverty and inequality in Latin America [entrada de blog]. World Bank Data Blog. https://blogs.worldbank.org/en/opendata/key-facts-about-poverty-and-inequality-in-latin-america

Batruch, A., Jetten, J., Van de Werfhorst, H., Darnon, C. y Butera, F. (2023). Belief in school meritocracy and the legitimization of social and income inequality. Social Psychological and Personality Science, 14(5), 621–635. https://doi.org/10.1177/19485506221111017

Busso, M., Ibáñez, A. M., Messina, J. y Quigua, J. (2025). Preferences for redistribution in Latin America. Oxford Open Economics, 4(Supplement 1), i534–i545. https://doi.org/10.1093/ooec/odae015

CAF. (2022). RED 2022: Caminos para la movilidad social en América Latina y el Caribe. CAF. https://www.caf.com/media/4019958/red2022.pdf

Castillo, J. C., Laffert, A., Carrasco, K. e Iturra-Sanhueza, J. (2025). Perceptions of inequality and meritocracy: Their interplay in shaping preferences for market justice in Chile (2016–2023). Frontiers in Sociology, 10, 1634219. https://doi.org/10.3389/fsoc.2025.1634219

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2024). Panorama Social de América Latina y el Caribe 2024. CEPAL. https://www.cepal.org/es/publicaciones/80858-panorama-social-america-latina-caribe-2024-desafios-la-proteccion-social

Chetty, R., Jackson, M. O., Kuchler, T., Stroebel, J., Hendren, N., Fluegge, R. B., Gong, S., Gonzalez, F., Grondin, A., Jacob, M., Johnston, D., Koenen, M., Laguna-Muggenburg, E., Mudekereza, F., Rutter, T., Thor, N., Townsend, W., Zhang, R., Bailey, M., ... Wernerfelt, N. (2022). Social capital I: Measurement and associations with economic mobility. Nature, 608, 108–121. https://doi.org/10.1038/s41586-022-04996-4

de Almeida, F., Scott, I. J., Soro, J. C., Fernandes, D., Amaral, A. R., Catarino, M. L., Arêde, A. y Ferreira, M. B. (2024). Financial scarcity and cognitive performance: A meta-analysis. Journal of Economic Psychology, 101, 102702. https://doi.org/10.1016/j.joep.2024.102702

Goya-Tocchetto, D., Kay, A. C. y Payne, B. K. (2024). System justification makes income gaps appear smaller. Journal of Experimental Social Psychology, 115, 104663. https://doi.org/10.1016/j.jesp.2024.104663

Hauser, O. P., y Norton, M. I. (2017). (Mis)perceptions of inequality. Current Opinion in Psychology, 18, 21–25. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2017.07.024

Instituto de Estudios Peruanos y OXFAM Perú. (2022). I Encuesta Nacional de Percepción de Desigualdades (ENADES 2022). Instituto de Estudios Peruanos y OXFAM Perú. https://iep.org.pe/noticias/i-encuesta-nacional-de-percepcion-de-desigualdades-enades2022/

Instituto de Estudios Peruanos y OXFAM Perú. (2024). II Encuesta Nacional de Percepción de Desigualdades (ENADES 2024). Instituto de Estudios Peruanos y OXFAM Perú. https://iep.org.pe/noticias/ii-encuesta-nacional-de-percepcion-de-desigualdades-enades-2024/

Instituto Nacional de Estadística e Informática. (2025). Perú: Evolución de la pobreza monetaria 2015-2024. INEI. https://www.gob.pe/institucion/inei/informes-publicaciones/6763186-peru-evolucion-de-la-pobreza-monetaria-2015-2024

Jost, J. T. (2020). A theory of system justification. Harvard University Press.

Kaur, S., Mullainathan, S., Oh, S. y Schilbach, F. (2025). Do financial concerns make workers less productive? The Quarterly Journal of Economics, 140(1), 635–689. https://doi.org/10.1093/qje/qjae038

Liaquat, U., Jost, J. T. y Balcetis, E. (2023). System justification motivation as a source of backlash against equality-promoting policies — and what to do about it. Social Issues and Policy Review, 17(1), 131–154. https://doi.org/10.1111/sipr.12093

Lichand, G., y Mani, A. (2020). Cognitive droughts (Working Paper No. 341). University of Zurich, Department of Economics. https://doi.org/10.2139/ssrn.3540149

Mijs, J. J. B. (2021). The paradox of inequality: Income inequality and belief in meritocracy go hand in hand. Socio-Economic Review, 19(1), 7–35. https://doi.org/10.1093/ser/mwy051

Reyes, C. M., y Gasparini, L. (2022). Perceived inequality in Latin America (Working Paper No. 300). CEDLAS, Universidad Nacional de La Plata. https://www.cedlas.econo.unlp.edu.ar/wp/wp-content/uploads/doc_cedlas300.pdf

Schilbach, F., Schofield, H., y Mullainathan, S. (2016). The psychological lives of the poor. American Economic Review: Papers & Proceedings, 106(5), 435–440. https://doi.org/10.1257/aer.p20161101

Vargas Salfate, S., Páez, D., Liu, J. H., Pratto, F. y Gil de Zúñiga, H. (2018). A comparison of social dominance theory and system justification: The role of social status in 19 nations. Personality and Social Psychology Bulletin, 44(7), 1060–1076. https://doi.org/10.1177/0146167218757455

 

Anexo

Anexo 1

Matriz de asociación (V de Cramér) entre variables del análisis — ENADES 2022

Percepción

NSE

Ámbito

Educación

Ideología

Brecha

Tolerancia

Percepción

1.000

0.147

0.102

0.203

0.092

0.150

0.113

NSE

0.147

1.000

0.379

0.442

0.162

0.057

0.086

Ámbito

0.102

0.379

1.000

0.265

0.118

0.035

0.045

Educación

0.203

0.442

0.265

1.000

0.141

0.084

0.084

Ideología

0.092

0.162

0.118

0.141

1.000

0.036

0.156

Brecha

0.150

0.057

0.035

0.084

0.036

1.000

0.081

Tolerancia

0.113

0.086

0.045

0.084

0.156

0.081

1.000

Nota. V de Cramér entre pares de variables categóricas. Valores en negrita indican asociación moderada (V ≥ 0.30). Criterios de interpretación: 0.00-0.10 = despreciable; 0.10-0.30 = débil; 0.30-0.50 = moderada; 0.50+ = fuerte. Elaboración propia sobre la base de ENADES 2022 (IEP y OXFAM Perú, 2022).

Anexo 2

Matriz de asociación (V de Cramér) entre variables del análisis — ENADES 2024

Percepción

NSE

Ámbito

Educación

Ideología

Brecha

Tolerancia

Percepción

1.000

0.184

0.126

0.268

0.122

0.168

0.120

NSE

0.184

1.000

0.325

0.464

0.127

0.046

0.104

Ámbito

0.126

0.325

1.000

0.301

0.137

0.060

0.082

Educación

0.268

0.464

0.301

1.000

0.157

0.094

0.126

Ideología

0.122

0.127

0.137

0.157

1.000

0.036

0.156

Brecha

0.168

0.046

0.060

0.094

0.036

1.000

0.081

Tolerancia

0.120

0.104

0.082

0.126

0.156

0.081

1.000

Nota. V de Cramér entre pares de variables categóricas. Valores en negrita indican asociación moderada (V ≥ 0.30). Criterios de interpretación: 0.00-0.10 = despreciable; 0.10-0.30 = débil; 0.30-0.50 = moderada; 0.50+ = fuerte. Elaboración propia sobre la base de ENADES 2024 (IEP y OXFAM Perú, 2024).