De Estocolmo a CEPAL:
La ISI como respuesta estructural
latinoamericana
Dilas Ubaldo
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú
https://orcid.org/0009-0006-7703-1106
Recibido: 02.04.2026
Aceptado: 22.06.2026
DOI: https://doi.org/10.46476/ra.v7i1.252
Resumen
La industrialización por sustitución de importaciones (ISI) fue una estrategia adoptada en América Latina tras la crisis de 1930, cuyos resultados fueron heterogéneos entre países. Este artículo propone que dichas diferencias se explican por la capacidad de generar encadenamientos productivos, mientras que la restricción externa define sus límites de sostenibilidad. El análisis se basa en un enfoque histórico-estructural comparativo entre Brasil, Argentina y Perú (1930–1980), utilizando indicadores de industrialización, empleo y bienestar.
Los resultados muestran que Brasil desarrolló encadenamientos productivos más profundos, lo que permitió sostener su proceso de industrialización, mientras que en Argentina estos fueron incompletos y en Perú débiles, limitando sus efectos sobre el nivel de vida.
Se concluye que el desempeño de la ISI dependió principalmente de la capacidad de generar encadenamientos productivos, condicionados por el tamaño del mercado interno y limitados por la restricción externa, lo que explica su impacto desigual en la región y evidencia diferencias estructurales respecto a las economías industriales desarrolladas.
Palabras clave: Industrialización por sustitución de importaciones, mercado interno, estrangulación externa, eslabonamientos, términos de intercambio.
From Stockholm to ECLAC: The ISI as a Latin American Structural Response
Abstract
Import-substitution industrialization (ISI) was a strategy adopted in Latin America following the 1930s crisis, with mixed results across countries. This article argues that these differences can be explained by the ability to generate production linkages, while external constraints define the limits of their sustainability.
The analysis is based on a comparative historical-structural approach between Brazil, Argentina, and Peru (1930–1980), using indicators of industrialization, employment, and welfare.
The results show that Brazil developed deeper production linkages, which allowed it to sustain its industrialization process, while in Argentina these were incomplete and in Peru weak, limiting their effects on living standards.
It is concluded that the performance of the ISI depended mainly on the capacity to generate productive linkages, conditioned by the size of the domestic market and limited by external constraints, which explains its uneven impact across the region and highlights structural differences compared to developed industrial economies.
Keywords: Import-substitution industrialization, domestic market, external stranglehold, linkages, terms of trade.
De Estocolmo à CEPAL: a ISI como resposta estrutural latino-americana
Resumo
A industrialização por substituição de importações (ISI) foi uma estratégia adotada na América Latina após a crise de 1930, cujos resultados foram heterogêneos entre os países. Este artigo propõe que tais diferenças se explicam pela capacidade de gerar cadeias produtivas, enquanto a restrição externa define seus limites de sustentabilidade.
A análise baseia-se em uma abordagem histórico-estrutural comparativa entre Brasil, Argentina e Peru (1930–1980), utilizando indicadores de industrialização, emprego e bem-estar.
Os resultados mostram que o Brasil desenvolveu cadeias produtivas mais profundas, o que permitiu sustentar seu processo de industrialização, enquanto na Argentina estas foram incompletas e no Peru fracas, limitando seus efeitos sobre o nível de vida.
Conclui-se que o desempenho da ISI dependia principalmente da capacidade de gerar cadeias produtivas, condicionadas pelo tamanho do mercado interno e limitadas pela restrição externa, o que explica seu impacto desigual na região e evidencia diferenças estruturais em relação às economias industriais desenvolvidas.
Palavras-chave: Industrialização por substituição de importações, mercado interno, estrangulamento externo, elos produtivos, termos de troca.
1. Introducción
La industrialización por sustitución de importaciones ha sido ampliamente debatida en Sudamérica como un proceso con resultados divergentes, tanto en términos de éxito como de fracaso. Si bien la literatura se ha concentrado predominantemente en sus efectos macroeconómicos, este trabajo se centra en evaluar si dicho proceso contribuyó a mejorar la calidad de vida de los trabajadores urbanos.
Dada la heterogeneidad de los resultados entre países, resulta necesario analizar no solo las causas de estas diferencias, sino también los factores que permitieron su sostenibilidad en el tiempo. Se argumenta que estas diferencias responden a la forma en que la ISI transformó la estructura productiva y el empleo urbano.
Si bien la ISI compartió con el keynesianismo la defensa de una mayor intervención estatal, sus fundamentos y objetivos fueron distintos. Mientras el keynesianismo buscaba estabilizar economías ya industrializadas mediante el manejo de la demanda, la intervención estatal en América Latina tuvo un carácter más estructural: construir una base industrial inexistente. Por ello, sus fundamentos teóricos específicos pueden rastrearse en los aportes de Myrdal, Hirschman y Prebisch.
Este trabajo contribuye a demostrar que los encadenamientos productivos —la capacidad de las industrias para articularse entre sí mediante insumos (hacia atrás) y productos que usaran otras industrias (hacia adelante)— constituyen el mecanismo central que explica los resultados de la ISI.
Para sostener este proceso, los estados requerían importar maquinarias e insumos industriales, lo que exigía divisas, un recurso escaso en muchas economías latinoamericanas. Esta limitación estructural al crecimiento es conocida como restricción externa.
Respecto a las fases que mencionaremos, cabe aclarar lo siguiente. Tavares (1972) explica que la fase inicial de la ISI —centrada en bienes de consumo— se agotó cuando el proceso exigió importar bienes de capital, dando paso a una fase 2 de mayor complejidad industrial. Esta secuencia se verificó de forma desigual: Brasil la completó con mayor profundidad, Argentina parcialmente, y Perú no logró consolidarla.
Se propone como hipótesis que los resultados de la ISI no dependieron únicamente del grado de intervención estatal, sino de la capacidad de generar encadenamientos productivos (hacia adelante y hacia atrás), cuya efectividad estuvo condicionada por el tamaño del mercado interno y limitada por la persistencia de la restricción externa.
El artículo se organiza de la siguiente manera. En la segunda sección se presenta el marco teórico, en la tercera la estrategia metodológica, en la cuarta los resultados, en la quinta su discusión y, finalmente, en la sexta sección se exponen las conclusiones.
2. Marco teórico
2.1 Los antecedentes suecos: La Escuela de Estocolmo
La Escuela de Estocolmo se desarrolló en Suecia durante las décadas de 1920 y 1930, integrando críticas al pensamiento económico ortodoxo con enfoques monetarios heterodoxos. Knut Wicksell constituye un antecedente teórico relevante al problematizar la estabilidad del equilibrio monetario, particularmente a través de la relación entre la tasa natural y la tasa de mercado. No obstante, será Gunnar Myrdal (1953) quien profundice esta ruptura al introducir la distinción entre variables ex ante y ex post para mostrar que el equilibrio no es una condición inherente del sistema económico, sino una construcción teórica inestable. Este giro resulta fundamental para el posterior desarrollo del pensamiento estructuralista.
Sin embargo, son estos mismos supuestos los que reciben críticas de parte de Myrdal (1953), puesto que criticó el concepto de tasa natural debido a que estas eran diferentes en cada tipo de inversión. En el segundo punto desarrolla su mayor aporte, pues explica que el ahorro e inversión al final del día (ex-post) son siempre iguales por definición contable. Pero es diferente antes (ex-ante) porque lo que la gente planea ahorrar y lo que las empresas planean invertir casi no coinciden. Finalmente, en el último punto menciona que es complicado que en una economía donde la tecnología mejora y la productividad sube que los precios se mantengan inalterables, lo normal sería que los precios bajen.
Lo importante de esta escuela es su visión de la economía como una estructura propensa al desequilibrio, que anticipa el marco con el que posteriormente se analizará la industrialización en Brasil, Argentina y Perú.
Keynes, por su lado, teoriza con supuestos de una economía industrial mucho más asentada, pero con problemas de demanda y plantea la intervención estatal como una solución para volver al estado de equilibrio.
2.2. La realidad sudamericana y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
Sin embargo, la CEPAL adaptó estas ideas a realidades estructuralmente distintas: mientras Keynes asumía economías industrializadas con pleno empleo potencial (solo rigideces nominales), América Latina enfrentaba empleo rural masivo improductivo, ausencia de industria pesada y deterioro de los términos de intercambio. Esto requirió un Estado desarrollista que no solo estabilizara demanda, sino que creara oferta industrial desde cero vías ISI planificada.
Estas ideas quedan aún más claras en el libro Teoría económica y regiones subdesarrolladas de Gunnar Myrdal de 1957, donde explica, de una manera más detallada, la realidad de este tipo de sociedades y cómo su realidad es muy diferente a las planteadas en los modelos neoclásicos.
Myrdal (1944) ya advertía que el equilibrio no existe en los sistemas sociales y que estos tienen una inercia propia que puede ser destructiva, diferenciándose así del pensamiento keynesiano.
La ruptura total llegó en 1957. Aquí explica los términos que serán de mucha utilidad en el pensamiento cepalino más maduro (de los años ٦٠).
Explica que las desigualdades en los países ricos son menores a las que sufren los pobres, además que los primeros gozan de un desarrollo ininterrumpido y ascendente. Critica también la exclusión de factores no económicos, pero son estos factores los que suelen reaccionar de forma desequilibrante, lo que invalida modelos económicos puramente estáticos.
Uno de sus más grandes aportes empieza como un ejemplo incipiente de un círculo viciosos, por ejemplo, la pobreza y la enfermedad, la primera genera la segunda y viceversa y se concluye pensando que «un país es pobre porque es pobre». De igual manera, con un ejemplo de prejuicios de los blancos contra la población negra. Si el prejuicio causa discriminación se mantienen bajos los niveles de empleo, salud y educación, esto genera más apatía y el prejuicio de los blancos. Myrdal entonces asegura que una intervención en uno de esos problemas puede romper el círculo vicioso. Estos círculos viciosos son llamados la causación circular. (Myrdal, 1944, 1957)
Esta causación funciona debido a los siguientes mecanismos:
Detalla que la migración, movimientos de capital y el comercio funcionan como efectos retardadores (backwash effects), puesto que para las regiones pobres el capital es selectivo, llega el de menor calidad de mano de obra, el capital suele ser absorbido por el sistema bancario y el comercio al operar con rendimientos crecientes en los centros más ricos, frena y destruye la pequeña industria.
También existen efectos impulsores (spread effects), estos se ven en centros que requieren materias primas de zonas circundantes, si el impulso es lo suficientemente fuerte pueden transformar regiones alejadas en nuevos centros de expansión. Una región se estanca o progresa dependiendo de la fuerza de sus efectos impulsadores.
En el marco de la causación circular y acumulativa propuesta por Myrdal (1957), el proceso será regresivo cuando predominen los backwash effects, es decir, cuando la concentración de capital, trabajo calificado y actividad productiva en las regiones o países más dinámicos drene sistemáticamente recursos desde las zonas rezagadas, reforzando trayectorias de subdesarrollo. Por el contrario, la causación circular será progresiva cuando los spreads effects logren contrarrestar dichos efectos de arrastre negativo, permitiendo la difusión de tecnología, ingresos y capacidades productivas hacia las regiones periféricas, generalmente a través de una intervención estatal deliberada y sostenida.
2.3 De los precursores de la ISI a la aplicación empírica
Por su parte, en Latinoamérica había comenzado un periodo de incipiente industrialización en diversos países desde 1930, esto es analizado y sistematizado por diversos pensadores. Alejandro Ernesto Bunge (1880–1943) fue uno de los más relevantes teóricos de esta nueva realidad, pero fue Raúl Prébisch (1901-1986) quien publica en 1949 El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas, texto considerado el manifiesto de la CEPAL.
Albert O. Hirschman (1980) señala que la economía del desarrollo se aparta del keynesianismo en dos dimensiones centrales: la persistencia del subempleo rural y el carácter de industrialización tardía en las economías periféricas. A diferencia de las sociedades de bienestar de Europa Occidental —inspiradas en John Maynard Keynes—, que operaban sobre estructuras productivas ya industrializadas y relativamente diversificadas, América Latina partía de una base agraria con excedente de mano de obra y una débil capacidad manufacturera. En este contexto, mientras el keynesianismo actúa sobre economías complejas buscando estabilizar el uso de recursos existentes, el enfoque de la CEPAL, articulado por Raúl Prebisch, plantea la necesidad de una intervención estatal orientada a crear capacidades productivas inexistentes, más que a gestionar fluctuaciones del ciclo económico.
En esa línea, aunque la teoría de John Maynard Keynes permitió superar la visión ortodoxa al introducir el problema de los recursos ociosos, su aplicabilidad en Sudamérica es limitada. En las economías avanzadas, el desempleo responde a desequilibrios temporales dentro de un sistema industrial consolidado, susceptibles de corrección mediante políticas de demanda agregada. En contraste, como subraya Albert O. Hirschman, en el subdesarrollo no se trata de desviaciones respecto a un equilibrio eficiente, sino de un equilibrio de bajo nivel donde la pobreza y la baja productividad son estructurales. Por ello, la intervención estatal en la ISI no se orienta a reactivar la economía en el corto plazo, sino a transformar su estructura productiva, impulsando la industrialización como condición necesaria para salir de ese equilibrio.
Estas formulaciones no permanecieron confinadas al ámbito teórico. Desde la década de 1930, diversas economías latinoamericanas comenzaron a aplicar, de manera pragmática y no sistematizada, políticas que anticipaban lo que posteriormente sería conceptualizado como industrialización por sustitución de importaciones. En Brasil, el primer gobierno de Getúlio Dornelles Vargas (1930–1945) constituye el ejemplo más representativo de esta fase inicial, desarrollada con anterioridad a la formulación cepalina de Raúl Prebisch.
Brasil no se analiza aquí por haber constituido el caso más exitoso de industrialización en América Latina, sino por haber sido uno de los primeros países en ingresar, desde la década de 1930, en una fase temprana de industrialización por sustitución de importaciones, lo que lo convierte en un caso particularmente ilustrativo para examinar el origen práctico de este proceso.
En su primera fase, la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) enfrentó un límite estructural decisivo: la estrechez del mercado interno. En amplias zonas rurales de América Latina persistían relaciones agrarias tradicionales —en varios casos de carácter servil—, junto con una alta concentración de la tierra y una baja monetización de la economía campesina. Estas condiciones restringían la capacidad de consumo de amplios sectores rurales y limitaban la formación de una demanda efectiva nacional integrada. En numerosos espacios, el campesinado permanecía vinculado a economías de hacienda con pagos en especie o sistemas de vales, lo que dificultaba su incorporación plena al circuito capitalista nacional.
Sin embargo, el agotamiento de la primera fase no obedeció únicamente a la estrechez del mercado interno. El crecimiento inicial de la industria sustitutiva —con un PIB industrial regional que creció en promedio alrededor de 6.5 % anual entre 1950 y 1970, según estimaciones históricas de la CEPAL para América Latina— incrementó la demanda de insumos importados, bienes intermedios y bienes de capital, generando presiones recurrentes sobre la balanza de pagos. La restricción de divisas reveló que la sustitución de bienes de consumo livianos era insuficiente para sostener el proceso de acumulación y profundización industrial.
Paralelamente, la propia dinámica industrial urbana alteró los incentivos migratorios. De acuerdo con el modelo de John R. Harris y Michael P. Todaro, la migración rural-urbana responde al salario esperado más que al salario efectivo. La expansión de la industria protegida elevó el diferencial salarial urbano-rural, incentivando flujos migratorios incluso cuando la absorción laboral era insuficiente. El resultado fue un crecimiento acelerado de la población urbana, acompañado de desempleo estructural e informalidad, configurando un mercado laboral dual. Este proceso amplió la monetización y la masa salarial urbana, pero también generó presiones sociales y económicas que exigían una nueva etapa de expansión productiva.
2.4 La fase dos de la ISI como necesidad
La transición hacia la segunda fase de la ISI respondió, por tanto, a una doble dinámica: por un lado, a la necesidad de superar la restricción externa mediante la sustitución de bienes intermedios y de capital —estrategia sistematizada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe—; por otro, a la transformación estructural del mercado interno inducida por la urbanización acelerada. La ampliación de la masa salarial, junto con reformas agrarias en algunos países y la progresiva descomposición de estructuras rurales tradicionales, expandió la demanda interna e integró sectores previamente marginados al circuito capitalista nacional.
No obstante, los resultados fueron divergentes. En México, la temprana reforma agraria cardenista y la consolidación de un aparato estatal integrador favorecieron la formación de un mercado interno relativamente más dinámico. En Brasil, en cambio, la persistencia de estructuras agrarias concentradas coexistió con un proceso de industrialización y urbanización aceleradas —especialmente en el eje paulista— que compensó parcialmente dichas limitaciones mediante la expansión de un mercado interno predominantemente urbano.
La segunda etapa empezaría en Brasil durante el mandato de Juscelino Kubitschek (1956-1961). En este marco se establecieron 31 metas.
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ENERGÍA (Metas 1–5) |
TRANSPORTE (Metas 6–12) |
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ALIMENTACIÓN (Metas 13–15) |
INDUSTRIA DE BASE (Metas 16–25) |
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EDUCACIÓN (Metas 26–30) |
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El objetivo 31 sería la construcción de Brasilia. Vemos que los objetivos fueron diversos, y que el corazón de la fase 2 son las establecidas en la industria de base. Furtado quiso continuar con las reformas, pero no logró sus objetivos, en parte por el golpe militar del 64. Los resultados de la industria brasileña, tanto macroeconómicos como de índice de desarrollo humano, se analizarán en la sección de resultados y discusión.
La realidad peruana, por su lado, era muy diferente en todos los ámbitos. Las migraciones —explicadas en parte por el modelo Harris-Todaro— aumentaron desde 1930 y no encontraban un mercado que las absorbiera. La crisis de los años 30 derivó en un tercer militarismo que limitó la implementación de ideas, modelos o políticas novedosas. Fue apenas en el período de 1939-1945, con la llegada de la primavera democrática, que se inició una incipiente fase 1 de industrialización por sustitución de importaciones (ISI), especialmente enfocada en la harina de pescado, con su central en Chimbote. El agro entraba en franca decadencia y las migraciones internas se incrementaron durante los años 40.
La década de 1950 fue percibida por algunos como un período de mejoras macroeconómicas, pero no por reformas estructurales profundas, sino por el aprovechamiento coyuntural y políticas populistas. Algunas de sus bases se sentaron durante la misión Klein-Saks en 1949, que asesoró al presidente Manuel Odría. La combinación de esta política con el contexto internacional —el Plan Marshall y la Guerra de Corea— permitió al régimen mantener resultados macroeconómicos positivos sin cambios estructurales significativos. El retorno de gobiernos civiles en 1956 no condujo a la adopción de políticas sistemáticas comparables, por ejemplo, al plan de metas implementado en Brasil o a las iniciativas de CORFO en Chile. Persistían así problemas estructurales como relaciones serviles en mercados agrarios, ausencia de encadenamientos industriales y tensiones sociales, incluyendo el surgimiento de guerrillas en la sierra influenciadas por la Revolución Cubana.
2.5 El estancamiento de la fase 2, eslabonamientos débiles y estrangulamiento externo
La década de 1960 representó un período crítico. El avance de estos problemas llamó la atención de Estados Unidos, que intentó aplicar reformas para contener tanto la insurgencia como las contradicciones internas que generaba. La Alianza para el Progreso constituyó su primer intento de reformas estructurales, especialmente en el sector agro, pero el asesinato de su principal impulsor y la magnitud del plan diluyeron sus resultados. El interludio de Ricardo Pérez Godoy y Nicolás Lindley (1962-1963) sentó algunas bases importantes para la posterior fase 2 de la ISI en Perú, con la creación del Instituto Nacional de Planificación y la Ley de Bases de la Reforma Agraria, una especie de piloto de la reforma de 1969, cuyo alcance se limitó al Valle de La Convención, en el Cusco.
El golpe de estado de 1968 buscó retomar algunas de estas reformas, pero su implementación se vio limitada por retrasos, corrupción, insuficiente capital humano para gestionar las cooperativas y un contexto de estanflación hacia finales de los años 70. En el plano estructural, la teoría de Hirschman ayuda a explicar por qué la fase 2 de la ISI falló en Perú: no se establecieron eslabonamientos lo suficientemente fuertes o extensos como para dinamizar el mercado interno. Esto se evidencia en dos casos clave: la estatización parcial de la IPC y la industria de montaje de automóviles.
La estatización parcial de la International Petroleum Company (IPC) generó beneficios al país, permitiendo que Petroperú obtuviera utilidades significativas entre 1969 y 1982. No obstante, su implementación enfrentó restricciones externas que condicionaron la disponibilidad de divisas. En este contexto se negociaron acuerdos con el gobierno de Estados Unidos para resolver compensaciones derivadas de la expropiación del complejo petrolero de La Brea y Pariñas, que incluyeron la firma del llamado De la Flor–Greene Agreement el 9 de agosto de 1973, mediante el cual se estableció un paquete global de compensaciones por empresas norteamericanas expropiadas, incluida la IPC.
Como parte de ese proceso, el Estado peruano realizó un primer pago el 18 de diciembre de 1974, y un segundo pago en 1979, como cumplimiento de las obligaciones pactadas en el marco del acuerdo. La necesidad de financiar estos compromisos con préstamos externos y las condiciones restrictivas a inversiones estadounidenses —como las derivadas de la enmienda Hickenlooper— redujeron la liquidez en divisas disponible para sostener la profundización de la industrialización. La restricción de divisas complicó la importación de bienes de capital e intermedios necesarios para la fase 2 de la ISI; cuando esta escasez se vuelve tan aguda que paraliza el proceso industrial, Tavares lo denomina estrangulamiento externo, consecuencia directa de la restricción externa.
En cuanto a los términos coyunturales, dos factores agravaron el fracaso de la fase 2. Primero, la corrupción sistemática durante el docenio 1968-1980, documentada claramente por Alfonso Quiroz en Historia de la corrupción del Perú. Segundo, las reiteradas crisis del petróleo en 1973 y 1979, junto con su impacto en el costo de vida y en la balanza de pagos, limitaron la capacidad de acumulación de capital y afectaron la sostenibilidad de la industrialización.
No obstante, la industria pesada tuvo cierta influencia positiva. La siderurgia, con Acero Arequipa, logró generar productos con mayor valor agregado, como hilos de cobre, representando un avance respecto a la exportación de cobre en bruto. Esto permitió una leve reducción del desempleo oficial en los años 70, que nunca superó el 5 %.
En síntesis, la combinación de factores estructurales y coyunturales explica por qué la fase 2 de la ISI nunca se consolidó plenamente en Perú. La falta de eslabonamientos robustos señalada por Hirschman, sumada al estrangulamiento externo y a la corrupción destacada por Tavares, limitó la capacidad del país para consolidar una industrialización integrada y sostenida. Estos elementos muestran que, si bien hubo avances parciales y sectores con cierto dinamismo, el modelo no logró transformar la estructura económica peruana de manera duradera.
El estancamiento de la fase 2 de la Industrialización por Sustitución de Importaciones puede comprenderse, en términos estructurales, como el resultado de la profundización de las propias contradicciones del proceso de industrialización periférica. La expansión hacia la producción de bienes intermedios y de capital no eliminó la dependencia externa, sino que la reconfiguró en un nivel tecnológico más complejo, incrementando la necesidad de importaciones de insumos estratégicos, maquinaria y conocimiento incorporado, lo que elevó la elasticidad-importación del crecimiento y reprodujo de manera más aguda la restricción externa (Tavares, 1972).
La industria avanzó sobre sectores de mayor sofisticación sin haber resuelto previamente la heterogeneidad estructural del sistema productivo, consolidando una brecha persistente entre un sector primario con alta productividad y capacidad de generación de divisas y un sector industrial con menores niveles de competitividad internacional y mayores requerimientos de protección. Esta estructura productiva desequilibrada generó tensiones cambiarias recurrentes, dado que el sostenimiento de la rentabilidad industrial exigía tipos de cambio elevados, mientras que los sectores exportadores y urbanos presionaban por monedas apreciadas para abaratar importaciones y contener precios internos, alimentando dinámicas inflacionarias y ciclos de expansión y estrangulamiento externo (Diamand, 1972).
De este modo, la fase 2 quedó atrapada en un patrón de crecimiento inestable, en el que cada impulso expansivo encontraba rápidamente el límite de la disponibilidad de divisas, revelando que el problema no era meramente de escala o eficiencia puntual, sino de configuración estructural del aparato productivo y de su inserción subordinada en la economía mundial.
En el plano coyuntural, el agotamiento se vio acelerado por factores asociados a la dinámica política interna, las condiciones de financiamiento y las transformaciones del contexto internacional. La ampliación hacia sectores más complejos no logró consolidar escalas eficientes ni mercados internos suficientemente amplios para absorber la producción, lo que deterioró la rentabilidad industrial en un contexto de alta inestabilidad macroeconómica y conflictos distributivos persistentes (Schvarzer, 1983).
A ello se sumó la creciente disponibilidad de financiamiento externo durante los años setenta, que permitió sostener transitoriamente desequilibrios fiscales y externos sin resolver los problemas de competitividad subyacentes, desplazando el eje de la estrategia desde la profundización productiva hacia el endeudamiento y la valorización financiera. Las alteraciones del sistema monetario internacional, los shocks petroleros y la volatilidad de los flujos de capital reforzaron la vulnerabilidad de economías ya estructuralmente restringidas en divisas, de modo que el cambio en el entorno global amplificó los desequilibrios internos y precipitó el abandono progresivo de la estrategia industrialista (Ferrer, 1979).
Así, el estancamiento de la fase 2 emergió de la convergencia entre límites estructurales acumulados y un escenario coyuntural que redujo drásticamente los márgenes de maniobra de la política económica.
3. Metodología
El estudio adopta un enfoque histórico-estructural comparativo con capacidad explicativa sobre la base de la inferencia analítica entre casos. Dichas inferencias se realizan luego de observar los resultados y compararlo entre países.
La estrategia de análisis se basa en una comparación de estructuras entre Brasil, Argentina y Perú. El supuesto es que las variaciones en los resultados son explicadas por diferencias en las condiciones de los países, así como en la profundidad del proceso de industrialización aplicado. Esto permitirá identificar la diferencia entre los patrones aplicados en cada sociedad —como encadenamientos productivos, expansión del empleo urbano y tamaño del mercado— y los resultados observados en términos de nivel de vida y desigualdad.
El trabajo busca identificar la relación entre la profundidad del proceso de industrialización y los resultados en términos de bienestar, considerando como mecanismo intermedio la generación de empleo urbano, los encadenamientos y el tamaño del mercado. Por lo tanto, a partir de ahora, cada vez que mencionemos «profundidad del proceso», nos referimos a esos 3 puntos.
Respecto al diseño analítico, se busca explicar la siguiente hipótesis.
Hipótesis: La implementación de la ISI en Perú, Brasil y Argentina entre 1930 y 1980 mejora el nivel de vida (índice histórico de nivel de vida, IHNV) en la medida en que logra generar encadenamientos productivos y expandir el empleo urbano formal; en ausencia de estos, sus efectos son limitados y no reducen la desigualdad.
Las unidades de análisis serán Perú, Brasil y Argentina, entre 1930 y 1980. Los países se eligieron precisamente por sus diferencias estructurales en tamaño demográfico, mercado interno y trayectoria institucional. Esta heterogeneidad no es una limitación del diseño comparativo, sino su condición de posibilidad: permite identificar en qué medida dichas diferencias explican los resultados desiguales de la ISI en cada caso.
El mecanismo central propuesto es que la ISI impacta el nivel de vida a través de la expansión del empleo urbano formal y los encadenamientos productivos. La expansión y los encadenamientos se ven facilitados al contar con un mercado asalariado y con capacidad adquisitiva. Cuando estos encadenamientos generan demanda de trabajo y se articulan los sectores, es cuando se incrementa el ingreso y acceso a bienes y servicios. Cuando los encadenamientos son débiles o son fuertes parcialmente (solo hacia atrás o adelante) y el tamaño del mercado no es suficiente para absorber la demanda, es cuando la industrialización no logra difundirse al resto de la economía, limitando sus efectos distributivos.
3.1 Variables
Se trabajará con variables para explicar cuatro tipos de realidades: nivel y profundidad de industrialización, restricción externa, eslabonamientos productivos y transformación estructural del mercado interno.
3.1.1 Nivel y profundidad de la industrialización
Se evaluará las variables de peso relativo de la industria y dinamismo industrial, para ello los indicadores serán los siguientes:
3.1.2 Restricción externa
Aquí se explica la limitación estructural al crecimiento derivada de la disponibilidad insuficiente de divisas para sostener la acumulación industrial, esto mediante los siguientes indicadores.
3.1.3 Resultados macroeconómicos
Aquí se verá la capacidad del sector industrial generar resultados en los principales indicadores macroeconómicos.
3.1.4 Distribución del ingreso y niveles de vida
En este apartado se explica el porcentaje de la distribución de la renta al total de la población mediante el coeficiente Gini, este dato solo se encontró para Brasil y Argentina. Además de variables para explicar los niveles de vida
Los mecanismos centrales para explicar el correcto funcionamiento de la ISI son los eslabonamientos productivos (hacia adelante y atrás) y la restricción externa. Los mecanismos secundarios son el tamaño del mercado, y la institucionalidad.
La restricción externa se analiza mediante los términos de intercambio y la concentración de exportaciones, que capturan la capacidad de generar divisas necesarias para sostener la ISI. El tamaño del mercado interno se aproxima a través de la estructura del empleo y la participación del sector formal urbano.
El análisis se organiza en torno a tres dimensiones: (i) profundidad de la industrialización (aproximada por la participación manufacturera y la estructura del empleo), (ii) restricción externa (medida a través de términos de intercambio y concentración exportadora), y (iii) resultados en bienestar (capturados mediante indicadores de nivel de vida y desigualdad).
3.2 Tipo de datos
Se utilizarán series históricas de una fuente secundaria, específicamente el trabajo de Rosemary Thorp, Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América Latina en el siglo XX (1998). De dicha fuente se extraen los siguientes datos:
3.3 Alcances y límites
Este no es un estudio econométrico causal, ni mide eficiencia microeconómica. Se centra en la dinámica estructural macro. En algunos casos no se encontraron los datos exactos y se tuvo que recurrir a proxys.
Dado que variables como encadenamientos productivos no son directamente observables en series históricas, se utilizan indicadores indirectos. Como participación manufacturera y la estructura del empleo. Esto muestra cómo dicho sector fue cada vez más relevante en los mercados sudamericanos, y dado que la manufactura requiere de insumos, es un buen indicador.
Este estudio no establece relaciones causales en sentido econométrico, sino que lo hace a través de una inferencia estructural basada en la consistencia de patrones entre casos. Esto permite identificar mecanismos, aunque no puede aislar efectos individuales con precisión estadística.
Se utilizaron herramientas de inteligencia artificial como apoyo en la mejora de la redacción, organización del texto y síntesis de literatura académica. Estas herramientas fueron empleadas para resumir textos de referencia, sin sustituir la revisión de las fuentes originales. La interpretación teórica, el desarrollo del argumento y las conclusiones son responsabilidad exclusiva del autor.
4. Resultados
Gráfico 4.1
Participación de las manufacturas en el PIB
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.1 muestra la heterogeneidad de los resultados en la región, así como la creciente divergencia de Brasil respecto al resto de América Latina.
Gráfico 4.2
Estructura del mercado en 1970
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.2 muestra la estructura económica de los países analizados durante el cenit de la ISI, así como las diferencias entre ellos.
Gráfico 4.3
Términos de intercambio
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.3 muestra el deterioro de los términos de intercambio tras la crisis de 1930, así como su evolución posterior.
Gráfico 4.4
Índice de concentración de productos básicos
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.4 muestra el grado de dependencia de un país respecto a un solo producto de exportación. A mayor valor del índice, mayor es dicha dependencia.
Gráfico 4.5
PIB per capita 1970
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.5 muestra que Argentina presenta mayor volatilidad que Brasil en algunos indicadores y que, en términos de PIB per cápita, mantiene niveles superiores a los de los otros dos países.
Gráfico 4.6
Tasa media de crecimiento anual
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.6 muestra la tasa media de crecimiento anual, se aprecia que el punto más alto fue entre los años 1945 a 1972.
Gráfico 4.7
Coeficiente GINI
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.7 muestra un aumento sostenido de la desigualdad salarial en la región, medido a través del coeficiente GINI.
Gráfico 4.8
Tasas de analfabetismo
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.8 muestra una reducción sostenida de la tasa de analfabetismo en los países analizados a lo largo del periodo.
Gráfico 4.9
Esperanza de vida
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.9 muestra un aumento sostenido de la esperanza de vida en los países analizados, con diferencias en la magnitud del incremento entre ellos.
Gráfico 4.10
Índice histórico del nivel de vida (1950=100, promedios a tres años)
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.10 muestra el índice histórico del nivel de vida como una aproximación al desarrollo humano antes de su formalización en la década de 1990.
Gráfico 4.11
Índice realtivo del nivel de vida
Fuente: Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América en el siglo XX (Rosemary Thorp, 1998) La elaboración de los gráficos es propia
El gráfico 4.11 muestra el índice relativo de nivel de vida (IRNV), que mide el nivel de vida de cada país en relación con el de Estados Unidos.
5. Discusión
En términos generales, la ISI contribuyó a mejorar la calidad de vida en distintos ámbitos sociales. Sin embargo, estos avances fueron heterogéneos y significativamente más notorios en Brasil, lo que responde a factores estructurales y de política económica diferenciados.
A mediados de la década de 1940, este país aún se situaba en torno al promedio regional; no obstante, a partir de entonces, la manufactura comenzó a adquirir un peso creciente en el PIB. Este proceso refleja la existencia de una heterogeneidad estructural no solo entre Europa y América Latina, sino también entre los propios países de la región.
Hacia 1970, la fase 2 del proceso de industrialización ya se encontraba presente en la región, aunque con resultados disímiles según el país.
El IHNV integra el PIB per cápita (PPA), la esperanza de vida y la tasa de alfabetismo, permitiendo una evaluación más completa del bienestar.
Argentina destaca claramente por encima del resto, manteniendo además una trayectoria relativamente estable a lo largo del periodo analizado. Esto en referencia al IRNV.
Respecto al índice GINI, los resultados muestran que la ISI no logró reducir la desigualdad salarial de forma sostenida. Tanto en Brasil como en Argentina se observa una tendencia creciente —más acelerada en el primero—, lo que sugiere una limitación estructural del modelo para corregir este desequilibrio.
En este punto, el enfoque de Raúl Prebisch resulta especialmente pertinente, ya que su planteamiento de 1949 se ajusta con precisión a la dinámica observada en este periodo.
Brasil aparece como el país más afectado, alcanzando un mínimo histórico en torno a 1940. La fuerte caída del precio del café —principal producto de exportación y sostén de la balanza de pagos—, cercana al 40 %, evidencia el alto grado de vulnerabilidad externa. Este escenario refuerza la necesidad de diversificar la estructura exportadora. Aunque se observa una recuperación progresiva, esta no se consolida sino hasta aproximadamente 1960, cuando el país se acerca nuevamente a los niveles de sus vecinos.
El caso peruano, en contraste, presenta una trayectoria marcada por altibajos: una profunda crisis en los años 30, una recuperación asociada al contexto internacional en los 40 (fase 1 incipiente de la ISI) y un nuevo deterioro en los 50. En este contexto, la capacidad exportadora no responde a cambios estructurales, sino a condiciones coyunturales, como el impacto del Plan Marshall y la Guerra de Corea (1948–1950). Recién en la década de 1960, con la transición hacia una fase más avanzada del proceso de industrialización, se observa una mejora gradual en los términos de intercambio, que se intensifica en los años 70.
En este marco, el planteamiento de Raúl Prebisch sobre el deterioro relativo de los productos primarios frente a los manufacturados encuentra un respaldo empírico consistente, particularmente en el caso brasileño previo a la ISI.
Argentina fue el país menos dependiente de un solo producto de exportación (en comparación con los otros dos) entre 1930 y 1960, un periodo considerable si se toma en cuenta que el estudio abarca aproximadamente cincuenta años. Asimismo, se observa que los niveles más bajos de dependencia se registran entre las décadas de 1940 y 1960. Esto podría interpretarse como un periodo en el que el peronismo generó resultados favorables en el corto plazo, aunque con costos que se manifestarían posteriormente. Si bien el incremento posterior no fue abrupto, la dependencia volvió a aumentar hacia finales de los años sesenta.
Brasil presenta un sector formal urbano considerable, cercano al 40 %, así como aproximadamente un 13 % en agricultura moderna y minería. Para un país que contaba con 94.5 millones de habitantes en ese periodo, esto evidencia la existencia de un mercado interno amplio y con capacidad de demanda. En este sentido, Tavares señalaba que solo un mercado de gran tamaño puede absorber de manera sostenida la oferta industrial que él mismo genera.
Se observa el inicio complejo del proceso de industrialización en Brasil como política de Estado, más allá del mero aprovechamiento de coyunturas externas. El índice de concentración de productos básicos es elevado en la década de 1930, pero presenta una caída igualmente pronunciada en los años cuarenta, en línea con el inicio de la fase 1, bajo el gobierno de Getulio Vargas. En este contexto, resulta difícil negar la influencia de las políticas implementadas. No obstante, el repunte del índice durante los años cincuenta plantea interrogantes sobre la consistencia del proceso. A partir de la fase 2, la tendencia vuelve a ser descendente, con una reducción sostenida que se acelera desde la década de 1960.
Brasil registra valores inferiores a los de los otros dos países; sin embargo, la tendencia es creciente, primero de manera gradual en los años cuarenta y luego con mayor aceleración en la década de 1950.
Perú presenta una trayectoria marcada por discontinuidades, donde los avances responden principalmente a coyunturas externas más que a transformaciones estructurales. La persistencia de un mercado interno reducido y formas de trabajo no plenamente monetizadas limitó la capacidad de demanda y la consolidación del proceso industrial.
Perú vuelve a presentar una trayectoria volátil; sin embargo, durante la fase más intensa de la ISI (1950–1970) el índice se mantiene por debajo de los 37 puntos. Aunque este no corresponde a su mínimo histórico (alcanzado posteriormente, hacia 1980), sí representa un periodo prolongado de niveles persistentemente bajos.
El país evidencia un crecimiento más lento, pero sostenido, lo que sugiere una mejora relativamente estable. No obstante, su valor máximo nunca logra superar al de Argentina a lo largo de todo el periodo analizado.
Argentina se sitúa en una posición intermedia. Si bien su sector formal urbano es considerable en términos relativos, resulta menor en magnitud absoluta frente al caso brasileño, dada la diferencia poblacional (poco más de 23 millones de habitantes hacia 1970). No obstante, este enfoque puede resultar insuficiente, por lo que es necesario complementar el análisis con otros indicadores.
No es casual que Argentina haya sido el país menos afectado, dado que su estructura exportadora estaba diversificada en productos como carne, trigo, cereales y lana. Esto se traduce en un desempeño favorable durante el periodo, con un crecimiento que se intensifica en la década de 1940 bajo el peronismo. No obstante, los desequilibrios asociados a este modelo comenzarían a manifestarse a partir de los años sesenta y se acentuarían en la década de 1970.
Al analizar el PIB per cápita en términos de paridad de poder adquisitivo, el desempeño argentino pasa de ser alto a claramente superior, alcanzando valores que prácticamente duplican a los del resto. Este resultado refleja un nivel de ingreso elevado, pero al mismo tiempo sugiere que la distribución de la riqueza no constituyó un objetivo central dentro del proceso de industrialización por sustitución de importaciones.
El caso argentino puede interpretarse a través del esquema «stop and go» (Diamand), donde fases de expansión son seguidas por restricciones externas derivadas de la escasez de divisas (Ferrer). Esto explica la desaceleración progresiva del crecimiento sin una caída del nivel de vida.
A diferencia de la evolución de la desigualdad salarial, la reducción del analfabetismo coincide temporalmente con los periodos de mayor expansión industrial, lo que sugiere una asociación estructural entre ambos procesos. El mecanismo más plausible es la urbanización y la expansión del empleo formal, que amplió el acceso a servicios educativos y generó demanda de mano de obra más calificada. No obstante, políticas públicas de alfabetización y tendencias demográficas también contribuyeron, por lo que no es posible atribuir esta mejora exclusivamente a la ISI.
Asimismo, se observa que la reducción del analfabetismo en Perú es más pronunciada entre las décadas de 1950 y 1970, aunque la magnitud de la diferencia no es considerable. No obstante, sí se evidencia un proceso más estable y sostenido en la disminución de esta tasa.
Si bien la esperanza de vida tiende a aumentar independientemente del modelo económico, la velocidad del incremento sí muestra diferencias relevantes entre países y periodos. El vínculo más plausible con la ISI es indirecto: la expansión del empleo urbano formal amplió el acceso a sistemas de salud y seguridad social para sectores previamente excluidos. En Brasil, la década de 1950 concentra el mayor salto histórico en este indicador, coincidiendo con la fase de mayor expansión industrial.
En el caso argentino, la esperanza de vida presenta una trayectoria relativamente estable, con un crecimiento sostenido y sin variaciones significativas a simple vista. En contraste, Brasil y Perú muestran dinámicas más diferenciadas en este indicador.
Tavares señala que el tamaño del mercado brasileño constituye uno de los factores fundamentales que explican la expansión de la demanda interna durante este periodo. A ello se suman políticas estatales consistentes y orientadas a la industrialización. En este marco, el programa de metas de Kubitschek representa una de las expresiones más concretas de este proceso.
Argentina siguió una trayectoria distinta. Durante la década de 1940, el peronismo impulsó una expansión del gasto que generó mejoras en el corto plazo, pero también desequilibrios que se manifestarían posteriormente. En este sentido, Diamand interpreta estas fluctuaciones a través del modelo «stop and go», donde las fases de expansión («go») son seguidas por periodos de restricción («stop»).
Aldo Ferrer explica que estas fases diferenciadas responden a una dinámica en la que la expansión inicial, asociada a la importación de maquinaria, es seguida por una etapa de restricción externa, producto de la escasez de divisas generada por dichas importaciones.
En este marco, Argentina no logró implementar las reformas propias de la fase 2 al mismo nivel que Brasil. Las causas estructurales pueden explicarse a partir del concepto de estrangulamiento externo desarrollado por Tavares, mientras que los factores coyunturales son abordados por Ferrer.
Por su parte, Perú presenta una trayectoria marcada por fuertes discontinuidades a lo largo de todo el periodo analizado: inestabilidad política en los años treinta, aprovechamiento coyuntural de la Segunda Guerra Mundial en los cuarenta y políticas de corte populista en la década de 1950. A ello se suma la existencia de un mercado interno reducido que, hasta 1969, mantenía incluso formas de trabajo remunerado en especie en el ámbito agrario, lo que limitaba significativamente la capacidad de demanda.
Para cuando se intentó consolidar la fase 2, las crisis del petróleo, junto con problemas de gestión —incluyendo corrupción e ineficiencia en diversas empresas estatales—, contribuyeron a un proceso de estancamiento que no logró revertirse en el periodo analizado.
La ISI evidencia una diferencia estructural entre sus dos fases. Mientras que la fase 1 se apoya en la expansión del empleo industrial y en la sustitución de bienes de consumo, generando un cierto equilibrio entre producción y demanda, la fase 2 introduce una nueva restricción: la necesidad de importar bienes de capital. En este punto, la dependencia externa no desaparece, sino que se reconfigura, trasladándose desde los bienes de consumo hacia los insumos y maquinaria necesarios para sostener la industrialización. Esto incrementa la presión sobre la balanza de pagos y exige una expansión sostenida de las exportaciones para financiar dichas importaciones. En ausencia de encadenamientos productivos suficientemente profundos —tanto hacia atrás como hacia adelante— y de un mercado interno con escala y capacidad adquisitiva adecuadas, esta dinámica tiende a volverse insostenible. En consecuencia, la ISI no elimina la restricción externa, sino que la transforma, estableciendo un límite estructural a su propio desarrollo, lo que confirma la hipótesis planteada en este estudio.
Los resultados sugieren que la ISI solo mejora de manera significativa el nivel de vida cuando logra articular encadenamientos productivos, expandir el empleo urbano y que dicha expansión sea lo suficientemente grande para que demande productos de su mismo mercado. En ausencia de una o varias de estas premisas, como Perú o Argentina, sus efectos son limitados o temporales.
6. Conclusiones
La industrialización por sustitución de importaciones emergió como una respuesta estructural al colapso del sistema internacional de comercio tras la crisis de 1929 y la posguerra, lo que evidenció la vulnerabilidad del modelo primario-exportador y la necesidad de transformar la estructura productiva en América Latina. Este trabajo muestra que los mecanismos que permiten dicho proceso son los encadenamientos productivos hacia adelante y hacia atrás, mientras que su límite estructural está dado por la restricción externa. A su vez, la posibilidad de desarrollar estos encadenamientos depende del tamaño del mercado interno.
En este contexto, la experiencia latinoamericana no puede ser interpretada bajo los mismos supuestos que las economías europeas analizadas por el keynesianismo. Mientras estas partían de estructuras productivas industrializadas y enfrentaban problemas de demanda agregada, las economías de América Latina se caracterizaban por la persistencia del subempleo estructural, una base agraria predominante y una industrialización tardía. En consecuencia, la intervención estatal no se orientó únicamente a estabilizar el ciclo económico, sino a transformar la estructura productiva.
Los resultados obtenidos en el análisis comparativo confirman que la ISI logró mejorar el nivel de vida en los países estudiados, aunque de manera desigual y condicionada por la profundidad del proceso de industrialización. En aquellos casos donde se desarrollaron encadenamientos productivos más robustos y se logró expandir el empleo urbano formal, los efectos sobre el bienestar fueron más sostenidos. Por el contrario, en economías donde estos encadenamientos fueron débiles o incompletos, los avances resultaron limitados o transitorios, sin lograr una transformación estructural duradera. Esto evidencia que la industrialización no opera como un mecanismo automático de desarrollo, sino como un proceso dependiente de condiciones estructurales específicas.
En consecuencia, la ISI no puede entenderse como un modelo intrínsecamente exitoso o fallido, sino como un proceso estructural con potenciales y límites claramente definidos. Su desarrollo muestra que la industrialización en economías periféricas requiere no solo intervención estatal, sino condiciones que permitan sostener la acumulación, evitar la reproducción de la restricción externa y articular de manera efectiva el sistema productivo. En este sentido, su estudio mantiene vigencia no como una estrategia a replicar en su forma original, sino como una experiencia histórica que permite comprender los desafíos persistentes del desarrollo en América Latina y las condiciones necesarias para superarlos.
Agradecimiento
“A todos los que, en algún momento, creyeron en mi”
Referencias
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